Pensado para compartir pequeñas anécdotas de la vida cotidiana, poemas, música y condimentos varios, con todos aquellos seres humanos que no se dejan deglutir tan facilmente como caramelos masticables, desechables, escupibles o vomitivos que el sistema crea constantemente sin nuestro consentimiento.
lunes, 30 de abril de 2012
Un luminoso día de justicia
Orlando Balbo, detenido el 24 de marzo de 1976 en Neuquén y quien tiempo después marcharía al exilio en Roma, es el protagonista del libro Un maestro, de Guillermo Saccomanno. Por estos días, acaba de dar testimonio por la causa de “La Escuelita”, en las afueras de Neuquén, primero un matadero y luego un centro clandestino de detención donde se torturaba y asesinaba. Su declaración de cuatro horas, lejos de un simple testimonio, fue una disertación en la que citó a Kafka, a Primo Levi y a Walsh. Guillermo Saccomanno viajó a Neuquén para presenciar el juicio y escribió esta crónica que, a su modo, funciona como epílogo del libro publicado el año pasado.
Por Guillermo Saccomanno
1 “Vos sabías que una de las versiones del porqué del nombre Escuelita –me contó el Nano–, es porque en Tucumán torturaban en una escuela. Otra versión dice que es porque allí los milicos enseñaban a cantar. Personalmente pienso que fue el resultado de una amalgama de experiencias similares en todas las provincias, hasta que los milicos instituyeron el término. Y hubo ‘Escuelitas’ en todo el país.”
2 Durante la dictadura, el mayor Luis Alberto Farías Barrera era el encargado en el Comando de la VI Brigada de Neuquén de atender a los familiares que venían a averiguar el destino de sus seres queridos. Cuando un familiar le preguntaba por su desaparecido, con una sonrisa campechana el mayor decía que no había por qué inquietarse: al ser querido lo estaban “reeducando”. Y una vez “reeducado”, volvería a su casa. “La Escuelita”, acá en Neuquén, se encontraba en las afueras de la ciudad, cerca del Batallón 181. Una construcción ruinosa que, en su origen, había sido un matadero y, más tarde, con la dictadura, fue adaptada como centro clandestino de detención. Allí se repetiría el infierno de los chupaderos de las cinco subzonas en que el país fue dividido por las Fuerzas Armadas poco antes de dar el golpe del 24 de marzo de 1976. Las dos voluminosas causas neuquinas de “La Escuelita” informan profusamente el horror que allí se vivía. No era diferente al de otros chupaderos. La causa judicial llamada vox populi “La Escuelita” supera las 24 mil fojas. Un detalle: hay unos cuantos apellidos mapuches. La causa no compromete sólo a los altos mandos militares y al personal de la represión. También involucra a la sociedad civil y, se estima, el juicio completo abarcará, en al menos dos causas más, cuatro expedientes.
3 Los Balbo acudieron a Farías Barrera varias veces mientras su hijo permanecía en cautiverio. Estaba al tanto de la suerte del muchacho, les dijo el militar. Sí, el Nano había sido golpeado un poco. Los de la Federal habían sido, esos salvajes. Más de una vez, los Balbo acudieron a Farías Barrera. Bonachón, el mayor les decía que no debían preocuparse: cuando volvieran a su chacra de Pellegrini, allí estaría el Nano. En estos días, Farías Barrera, como todos los acusados de la causa, es un viejo apocado que, hace unos días, sufrió un infarto en su arresto domiciliario y, por este motivo, se postergará su presencia en el juicio comenzado este mes después de una serie interminable de postergaciones.
4 Detenido el 24 de marzo de 1976, Orlando Balbo, el Nano, fue torturado en la Delegación de la Policía Federal de Neuquén, estuvo preso en la cárcel U9 de la misma ciudad y luego fue trasladado al penal de Rawson, más tarde a la cárcel de Caseros y finalmente exiliado en Roma; la historia del Nano es la de tantos militantes sobrevivientes de la dictadura. Detallar la tortura, los padecimientos de una prisión en la que los castigos eran tan siniestros como gratuitos, es lo que el Nano denunció en cuatro oportunidades a la vuelta de su exilio. En junio de 1984 declaró ante la Comisión de la Legislatura de Neuquén; en julio de 1985, ante la Justicia Federal. Cuando el radicalismo derivó las causas de la dictadura a la Justicia militar, declaró en el Comando de la VI Brigada de Infantería. Y en noviembre de 2008, ante la Fiscalía Federal de Neuquén. En cada oportunidad, el Nano debió soportar una tortura más refinada: la espera. Ante la instancia de cada nuevo testimonio, revivió una y otra vez el calvario sufrido para ser fiel a la verdad. Un testimonio es una narración. Pero esta narración, la narración del testigo, parte de un cuerpo y sus marcas imborrables como, en este caso, es la sordera del Nano. El juicio oral y público, impulsado por la APDH (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos), persigue el castigo de los responsables del terrorismo del Alto Valle de Río Negro y Neuquén. La magnitud del juicio llama la atención como el ninguneo de los medios nacionales.
5 A la vuelta del exilio, durante el alfonsinismo, buscando reinsertarse, siguiendo los consejos del padre Jaime de Nevares y Noemí Labrune, fundadores de la APDH neuquina, el Nano, discípulo de Paulo Freire, fue maestro de adultos en la comunidad mapuche Millain Currical en el Paraje Huncal. Una mañana del ’85, cuando daba clase en la cooperativa, un paisano vino a avisarle que debía comunicarse urgente con su familia en Pellegrini. Para establecer contacto telefónico, el Nano debió viajar en un auto desvencijado por el camino pedregoso y polvoriento hasta Loncopué. Llamó. Lo atendieron sus hermanas alarmadas por la salud de su padre después de una visita policial. A la comisaría de Pellegrini, en la provincia de Buenos Aires, por entonces domicilio legal del Nano, había llegado una citación judicial. Dos policías se apersonaron en el campo para entregarle la citación a la familia: el hijo debía presentarse ante la Justicia. El padre, octogenario, se preguntó qué pasaba. Y, le dijo un policía, usted debería saberlo. En las cosas que anduvo su hijo, le dijo el otro. Por algo lo estarán buscando. El fantasma de la represión volvió a cernirse sobre la familia Balbo. El Nano logró comprender lo ocurrido a través del nervioso relato telefónico de sus hermanas: debía presentarse en el juzgado para declarar contra sus represores en el juzgado de Neuquén. Aquí fue recibido por el juez Rodolfo Rivarola y su secretario, José María Daquier, en la actualidad, fiscal de la causa “La Escuelita”. Cuando el Nano le contó a Rivarola lo que los policías habían dicho a su padre y el temor que les habían resucitado a sus familiares, Rivarola le prometió al Nano que haría traer esposados a esos dos policías y los iba a sumariar por abuso de autoridad e intimidación. El Nano calmó al juez. Esos dos milicos eran policías de pueblo y habían actuado así de primitivos que eran nomás. Además, para qué complicar más la cuestión cuando uno de ellos seguro era de jugar a las bochas con su padre. No obstante, Rivarola levantó el teléfono y llamó a Pellegrini, pegándole un levante al comisario. Si el Nano, durante su testimonio, vacilaba, el juez le proponía que se tomara un descanso. El Nano se acuerda de que le habían desplegado sobre una mesa una serie de fotos de represores. Se le preguntaba por cada foto. Si podía identificarlos o no. Había fotos ante las que no dudaba. Pero otras lo hacían vacilar. Pudo identificar con nitidez a Guglielminetti y al Perro, el comisario de la Federal. Al dar vuelta esas fotos, en el reverso, allí figuraba el nombre del represor. Si al Nano la tensión de la memoria lo vencía durante el reconocimiento, el juez lo invitaba a relajarse, tomar un café juntos. Han sido esta clase de hombres de ley quienes, contra la adversidad impuesta por el terror de Estado, impulsaron las causas contra viento y marea.
No siempre fueron así quienes le tomaron su testimonio. Cuando Alfonsín derivó las causas a los fueros militares, el Nano fue citado a declarar en la brigada. Se presentó solo. Un guardia armado lo condujo al interrogatorio de la Justicia militar, donde fue tratado como culpable. Ante cualquier vacilación, las preguntas se volvían apriete. Un ejemplo: al Nano le fue preguntado si el vehículo en que lo cargó Guglielminetti era crema o celeste. Era claro, color claro, de eso se acordaba. “No le pregunto por la tonalidad”, le dijo el oficial. “Esta no es una cuestión de tonos”, agregó con dureza. Al rato de estar declarando, el Nano se arrepentía de haber venido solo. Podía quedar adentro por falso testimonio. Finalmente, cuando terminó su declaración y salió del edificio, sentada junto a uno de los cañones que decoran el pórtico de la brigada, allí estaba leyendo y escribiendo Noemí. “¿Cómo se te ocurrió venir solo?”, le preguntó Noemí. “No quería ser cargoso, ni joder a nadie”, contestó el Nano. “No debiste hacerlo”, le dijo Noemí. Y esta anécdota la describe en genio y figura. Porque Noemí vela atenta por cada uno de los sobrevivientes. Y es, desde luego, el alma mater de esta causa.
6 Hay una historia que Noemí describe con humor ácido. Un viejo entra a la panadería. Otro viejo, al verlo, se descompone. Se da cuenta: ese otro viejo fue su torturador. La escena no es improbable. Y la refería Noemí hace unos meses al aludir a la impunidad y la demora del Ejecutivo en la firma de los pliegos, el nombramiento de los jueces y la reactivación de las causas, si las víctimas sobrevivientes de la dictadura, una generación, la del ’70, merodea o sobrepasa los sesenta años, los criminales son viejos de aspecto inofensivo y expresión perdida, como si no comprendieran por qué están ahí, acusados. Quien entre al tribunal y mire hacia el sector de los acusados, verá un conjunto de abuelitos. El tiempo pasa, los hombres envejecen, pero los delitos de lesa humanidad y el genocidio no prescriben. Si estos ancianos criminales no asustan hoy a nadie, hay entre ellos, sin embargo, un tipo que no parece tan viejo y todavía mira torvo: Guglielminetti.
7 Al sentirse “atacado” por una abogada, Raúl Antonio Guglielminetti no prestó declaración indagatoria, pero ofreció una sucinta autobiografía. Contó que hasta la mayoría de edad se apellidaba Beleni, como su madre, pues Amleto Guglielminetti no es su padre biológico y lo reconoció después que cumplió la mayoría de edad. El nombre de fantasía con que lo bautizó el Ejército fue Rogelio Angel Guastavino. Nació en la Capital Federal, tiene setenta años. Y ha permanecido preso en el penal de Marcos Paz. En su relato pormenorizó que fue agente de Inteligencia del Ejército desde 1973, en 1976 fue trasladado a la ciudad de Buenos Aires y prestó servicios hasta 1979. Después fue a vivir a Estados Unidos: en Miami tuvo una joyería. Tampoco se refirió a su vinculación con el tráfico de armas. En el presente arrastra una sentencia condenatoria del TOF Nº 2 de Capital Federal por delitos de lesa humanidad. La pena fue de 25 años de prisión. También fue condenado en la causa Automotores Orletti por el TOF Nº 1 de la Capital Federal a 20 años de prisión. Después de ser acusado como integrante de la banda de Aníbal Gordon y autor de los secuestros y asesinatos de los empresarios Sivak y Naun, Guglielminetti jugó su sarcasmo al extenderse sobre “sensaciones que estaba teniendo y necesitaba exteriorizar”. Lo que dijo: “Caído el nazismo, en la reforma del código penal alemán, el artículo segundo les daba a los jueces la libertad de interpretar la declaración de los imputados para satisfacer las necesidades del Estado punitivo. Y yo creo que esta mención que se hace así, atropelladamente, intentando acumular información para el acto que va a venir, está totalmente fuera de lugar, señor presidente, porque debieran tener el recato de que el Derecho penal también tiene una estética, más allá de una ética. Tiene una estética y debe conservarse frente al tribunal”. En consecuencia, se reservaba para después de los alegatos. Guglielminetti, cabe consignarlo, fue el secuestrador y torturador del Nano en aquellos días primeros del golpe. A las sesiones de picana y de teléfono, golpes en los oídos con la mano ahuecada, se debe la sordera casi total que sufre el Nano. Con todo lo que parece saber sobre la teatralidad del ritual jurídico, el represor debería tener en cuenta Eichmann en Jerusalén, la crónica ensayística que Arendt escribió para The New Yorker. La filósofa describe con sagacidad la puesta en escena del juicio, el efecto que causaba, en cada audiencia, el ingreso de los letrados, la voz estentórea del juez, anunciando el inicio de la sesión. Impactaba ese instante del comienzo de la puesta. Pero el efecto teatral, su liturgia, lo que podía considerarse eso que Guglielminetti demoniza como el lado “estético”, se disolvía apenas comenzaban los testimonios y el horror estremecía al público. Contra el relato de las víctimas no había, no hay, no habrá, efecto estetizante.
Noemi Labrune y otros miembros de la apdh al iniciar la investigacion de “la escuelita”
8 En la silla de los acusados se sentarían en este abril jefes militares, suboficiales, civiles que trabajaban en Inteligencia del Ejército, personal de Gendarmería y comisarios retirados que integraron el área de Inteligencia de la Policía o la jefatura de comisarías de Cinco Saltos y Cipolletti. Los involucrados en la causa “La Escuelita”: José Ricardo Luera, Enrique Braulio Olea, Hilarión Sosa, Luis Alberto Farías Barrera, Oscar Lorenzo Reinhold, Mario Alberto Gómez Arenas, Enrique Charles Casagrande, Máximo Ubaldo Maldonado, Osvaldo Antonio Laurella Crippa, Gustavo Vitón, Jorge Osvaldo Gaetani, Jorge Eduardo Molina Ezcurra, Sergio Adolfo San Martín y Francisco Julio Oviedo. También serán juzgados el gendarme retirado Emilio Jorge Sacchitella; los civiles de Inteligencia Raúl Guglielminetti y Serapio del Carmen Barros; y los ex comisarios rionegrinos Antonio Camarelli, Julio Héctor Villalobo, Saturnino Martínez, Miguel Angel Quiñones, Gerónimo Huircaín, Oscar Ignacio Del Magro y Desiderio Penchulef. Además de las 24 defensas, participaría del proceso una gran cantidad de querellantes por las 39 víctimas. El arranque del segundo juicio de la causa “La Escuelita” II fue de alto voltaje. Los primeros tres días de audiencias fueron bravos, con cruces fuertes entre los querellantes y defensores. Hubo encontronazos a raíz de los planteos preliminares, pero el Tribunal evidenció la firme decisión de avanzar en el proceso sin distraerse en las estrategias de las partes. De los 23 acusados, 18 se abstuvieron de declarar, aunque algunos prometieron hacerlo después, y quedó abierta la expectativa sobre los cinco restantes, porque hay elementos objetivos que permiten suponer que podrían tomar la palabra y dar su versión de los hechos que les imputan o al menos del proceso. En estos días, las declaraciones más explosivas fueron las de Molina Ezcurra, quien criticó que en las cárceles sólo están algunos militares y no rinden cuentas los “más de 600 intendentes” que formaron parte del proceso. También cargó contra Balza por haber instalado durante su mando un “sentido malicioso de obediencia” con el concepto de órdenes “morales e inmorales”, que consideró inexistentes en el manual del mando militar. Al el ex jefe de Estado Mayor, Martín Balza, lo acusó de conocer que en 1983 se mandó a incinerar toda la documentación existente sobre las directivas y actividad del Ejército relacionada con la “lucha contra la subversión”. Molina Ezcurra recalcó que la Justicia debió citar a Balza por la actuación en el centro clandestino “La Polaca”, que recorría como “jefe de día”.
9 En los días anteriores a declarar en el TOF, acompañé al Nano. Iba a ser el primer testigo de la causa. Y su familia estaba atemorizada. No era para menos: al antecedente de la desaparición de Julio López, ahora, en Neuquén, había que sumar la casa de las Madres baleada al comenzar el juicio. Pero el Nano no es de achicarse. Conviene tal vez que lo aclare: el Nano es el protagonista de Un maestro, la crónica que escribí inspirado en su vida como ejemplo de lucha y lección de vida. Nuestra intención original era concluir el libro con el juicio, pero el juicio se postergó, prometiendo convertirse en el Día del Juicio Final. Ahora, por fin, el miércoles 18, el Nano declararía ante el TOF compuesto por los jueces Orlando Coscia, Eugenio Krom y Norberto Ferrando. En esas noches anteriores, al Nano se le notaban los nervios. La ansiedad subterránea. “¿Qué te preocupa?”, le pregunté. “Incurrir en falso testimonio –decía–. Quiero estar seguro de cada cosa que digo.” Y volvía a escribir en su ayuda-memoria. En un momento le pregunté si sentía que se encontraba ante un examen o daría una clase. “Es las dos cosas –dijo–. Me siento más seguro dando una clase.” Como docente, se dispuso a prepararla. No durmió bien esa noche, el Nano. La pesadilla que lo tuvo atrapado después de la tortura volvió con intensidad. Taquicardia, sudor frío, despertar con un grito ahogado. La espera.
10 Ese miércoles amaneció limpio y soleado. Pero el viento patagónico frío y crudo obligaba a alzar solapas y anudar bufandas. Sin embargo, no impidió que en la avenida Argentina que sube hacia la Universidad se juntaran frente al alambrado protector del TOF agrupaciones con sus carteles, además de un sinfín de compañeros docentes del Nano. Vinieron a apoyarlo amigos, tanto desde Chos Malal como desde San Martín, y no pocos de Buenos Aires. Un gran lienzo blanco de la APDH con los rostros de los desaparecidos tapaba gran parte del alambrado.
El TOF funciona en instalaciones de la Universidad del Comahue y no reúne todas las condiciones que, se supone, exige una sala para este tipo de juicio. El Ejecutivo había prometido una cifra para acondicionar la sala. La cifra no se completó. Pero suspender el juicio esperando el dinero del gobierno implicaba –y Noemí Labrune lo sabía– una nueva postergación de la causa, una nueva dilación y su consecuente tortura en la espera en las víctimas por declarar. Excepto el comisario Camarelli, solitario y apocado, ninguno de los acusados se presentó a esta audiencia. Aquellos que no adujeron, como Farías Barrera, un infarto y arresto domiciliario, pidieron seguir las alternativas por teleconferencia. Apenas el Nano entró en la sala, el público se levantó a aplaudirlo. Fue un saludo conmovedor.
La sala amplia, enorme, compartía las dimensiones de un gimnasio. Distribuidos en U, los jueces, en un estrado. Al pie, en dos hileras, las mesas respectivas de la querella y la defensa. En el centro, el banco y la mesita donde se sienta el testigo. En este caso, debido a la sordera del Nano, se habían acondicionado dos monitores en los que se imprimirían las preguntas a formularle.
Al tomársele juramento, el Nano apoyó la mano, como sin querer, sobre una Biblia. Más tarde se daría cuenta de qué ejemplar era: la Biblia Latinoamericana, la de los teólogos de la liberación. Tranquilo, al principio con voz quebrada, recuperando firmeza después, el Nano arrancó: “Durante casi cuarenta años he almacenado y preservado en mi memoria hechos de los que fui testigo, hechos que muestran cómo se montó un plan criminal que, conducido por las Fuerzas Armadas, sometió a las instituciones del Estado y, con la complicidad de sectores de la sociedad civil, se instaló el terrorismo de Estado en nuestro país. Este plan tuvo un objetivo: bajo el terror, la sociedad se comportaría con sumisión sin reaccionar no sólo ante el terrorismo sino, también, ante un proyecto económico que endeudaría al país y empobrecería como nunca a sus habitantes. Instituciones jerarquizadas del Estado, a las que el pueblo había provisto para su defensa, eran ahora las responsables del exterminio de toda oposición”. El Nano no podía pasar por alto una asociación para nada ilícita: que hace unos meses se cumpliera otro aniversario del asesinato del maestro Carlos Fuentealba, que ayer fuera el Día del Profesor Neuquino y que él, un docente, fuera el primero en declarar en una causa denominada “La Escuelita”, todo cerraba en una paradoja tan macabra como el origen del centro clandestino, un matadero, lo que remitía al vejatorio texto echeverriano, según David Viñas, fundante de nuestra literatura y clave para comprender las tensiones entre civilización y barbarie. En su relato, el Nano no se detuvo en una enumeración obsesiva de las torturas sufridas. Se acordó con ironía de la rapiña de sus torturadores, los efectos que le robaron al detenerlo: un reloj, un anillo de sello, un encendedor y algo de dinero. Sí, en cambio, abundó en las penurias y bromas siniestras con que los represores gozaban a los familiares de los detenidos. Tampoco se manifestó partidario de la pena de muerte. No es de victimizarse el Nano. “Estoy convencido de que la justicia repara y es sanadora”, afirmó. En una interrupción, agotado, debió retirarse para controlar la presión arterial. Un enfermero le suministró una pastilla. Estabilizado, al continuar, antes que detenerse en la descripción morbosa de los castigos eligió, durante sus tres horas de exposición, citas que irritarían a la defensa, abogadas y abogados refunfuñantes, poco ilustrados, que se dedicaron a hostigarlo con preguntas de mala leche queriendo vincular al Nano, militante del PB, con las organizaciones armadas de la época. No fueron pocas las veces que la provocación chabacana y ramplona de la defensa causó la hilaridad del público y fue reprendida por el juez Coscia con un laconismo elegante. El Nano prefirió continuar su argumentación citando a Kafka, aludiendo a la espera como castigo más terrible que el castigo en sí, y a Primo Levi: “Si comprender es imposible, conocer es necesario. Porque aquello que ocurrió puede retornar. Las conciencias pueden ser nuevamente seducidas y oscurecidas: incluso las nuestras”. Como cierre, leyó un fragmento de la Carta de Rodolfo Walsh a la Junta Militar: “El primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado un balance de la acción de gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, lo que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades. El 24 de marzo de 1976 derrocaron ustedes a un gobierno del que formaban parte, a cuyo desprestigio contribuyeron como ejecutores de su política represiva, y cuyo término estaba señalado por elecciones convocadas para nueve meses más tarde. En esa perspectiva, lo que ustedes liquidaron no fue el mandato transitorio de Isabel Martínez sino la posibilidad de un proceso democrático donde el pueblo remediara males que ustedes continuaron y agravaron”. La exposición del Nano ante el Tribunal había durado casi cuatro horas.
11 Al salir del Tribunal, más de las tres de la tarde, bajo un sol tibio y un cielo azul, el Nano se fundió en un abrazo con su hija. Se miraron a los ojos, rodeados por una multitud que quería abrazarlo y felicitarlo por su clase. Su expresión se había despejado. Su sonrisa era feliz. La espera, esa tortura, había concluido. Y la pesadilla, exorcizada. Había sido un luminoso día de justicia.
martes, 13 de diciembre de 2011
Los ecos de la Campaña del Desierto llegan a Misiones
El atropello por parte de empresas a los pueblos originarios no cesa. Hace pocos días, Enrique Benítez, el referente de la Comunidad Mbya Guaraní Alecrín, de Misiones, denunció que a mediados de noviembre una patota de la empresa forestal Harriet S.A. los atacó. Los dueños de esta firma son descendientes de una familia beneficiada con grandes extensiones de tierras regaladas por Julio Argentino Roca tras la Campaña del Desierto. Según la denuncia, una patota de la empresa derrumbó e incendió viviendas y casillas de artesanías en la localidad de San Pedro. Desde julio de 2008, Harriet S.A. es denunciada por destrucción de hectáreas silvestres.
“Los empresarios dicen que nosotros estamos viviendo sobre su propiedad. Pero no es así, estamos sobre nuestros territorios desde hace más de 300 años y tenemos derecho a ocuparlos. Luchamos por lo nuestro”, contó el cacique. Pero además, en la comisaría la denuncia fue desestimada. “Nunca fueron a mirar qué era lo que había pasado, ni llegaron a mi casa ni preguntaron qué hogar quemaron”, aseguró Benítez.
Muchos vecinos de la comunidad acompañaron al cacique a la comisaría porque vieron al responsable del fuego: todos señalaron al apoderado de la empresa, que aprovechó que el hermano del cacique visitaba a su familia en otra localidad y dejaba la casa sola. Benítez también denunció que poco antes de sufrir el atentado, operarios de la empresa forestal derribaron árboles añosos, arrojaron agrotóxicos y plantaron encima pinos. “Cuando llueve el veneno se escurre y cae en el pozo de agua, de donde bebemos”, dice el denunciante, quien asegura que los más chicos tienen enfermedades que antes no existían en su comunidad.
Pero las intimidaciones comenzaron hace tres años, y continúan. El Equipo Misiones de Pastoral Aborigen (Emipa) acompañó al cacique hasta la dependencia policial para radicar la denuncia. Allí relató que su comunidad recibe todo tipo de presiones psicológicas: les hacen escuchar disparos desde camionetas, tanto de día como de noche, intentaron alambrar con falsas órdenes judiciales, y hasta llegaron a pasarles un arado por encima del cementerio de la comunidad, a lo largo de doce hectáreas. Las denuncias que hizo la comunidad contra Harriet S.A. fueron por “daño a la propiedad” e “invasión de territorio”. En febrero de 2009, denunciaron que se había removido la tumba de un niño de la Comunidad, sepultado días atrás.
A mediados de noviembre de este año, el juez federal de Eldorado sentenció a favor de Alecrín con una medida precautoria por 3.500 hectáreas y una orden de “no innovar” dirigida a varias empresas, entre las que se encuentran Alto Paraná S.A. y Harriet S.A. Sin embargo, esas 3.500 hectáreas no están cerca del principal asentamiento de la Comunidad. “Recién estamos en la primera etapa de este juicio, pero no van a poder tocar nada de ese lugar”, asegura la abogada de Emipa, Stella Maris Martínez. La Comunidad Mbya Guaraní de Alecrín está sobre el margen de la Ruta 20, cerca de San Pedro. Con casi 120 personas asentadas, dad indígena del país donde se terminó el relevamiento territorial que ordena la Ley 26.160, por la cual se prohíben los desalojos de estas poblaciones. Los herederos al frente de Harriet S.A. cuentan en la actualidad con más de 50 mil hectáreas en Misiones. Desde Emipa aseguraron: “Alecrín resiste hace años y va creciendo, a pesar de todo esto”.
“Los empresarios dicen que nosotros estamos viviendo sobre su propiedad. Pero no es así, estamos sobre nuestros territorios desde hace más de 300 años y tenemos derecho a ocuparlos. Luchamos por lo nuestro”, contó el cacique. Pero además, en la comisaría la denuncia fue desestimada. “Nunca fueron a mirar qué era lo que había pasado, ni llegaron a mi casa ni preguntaron qué hogar quemaron”, aseguró Benítez.
Muchos vecinos de la comunidad acompañaron al cacique a la comisaría porque vieron al responsable del fuego: todos señalaron al apoderado de la empresa, que aprovechó que el hermano del cacique visitaba a su familia en otra localidad y dejaba la casa sola. Benítez también denunció que poco antes de sufrir el atentado, operarios de la empresa forestal derribaron árboles añosos, arrojaron agrotóxicos y plantaron encima pinos. “Cuando llueve el veneno se escurre y cae en el pozo de agua, de donde bebemos”, dice el denunciante, quien asegura que los más chicos tienen enfermedades que antes no existían en su comunidad.
Pero las intimidaciones comenzaron hace tres años, y continúan. El Equipo Misiones de Pastoral Aborigen (Emipa) acompañó al cacique hasta la dependencia policial para radicar la denuncia. Allí relató que su comunidad recibe todo tipo de presiones psicológicas: les hacen escuchar disparos desde camionetas, tanto de día como de noche, intentaron alambrar con falsas órdenes judiciales, y hasta llegaron a pasarles un arado por encima del cementerio de la comunidad, a lo largo de doce hectáreas. Las denuncias que hizo la comunidad contra Harriet S.A. fueron por “daño a la propiedad” e “invasión de territorio”. En febrero de 2009, denunciaron que se había removido la tumba de un niño de la Comunidad, sepultado días atrás.
A mediados de noviembre de este año, el juez federal de Eldorado sentenció a favor de Alecrín con una medida precautoria por 3.500 hectáreas y una orden de “no innovar” dirigida a varias empresas, entre las que se encuentran Alto Paraná S.A. y Harriet S.A. Sin embargo, esas 3.500 hectáreas no están cerca del principal asentamiento de la Comunidad. “Recién estamos en la primera etapa de este juicio, pero no van a poder tocar nada de ese lugar”, asegura la abogada de Emipa, Stella Maris Martínez. La Comunidad Mbya Guaraní de Alecrín está sobre el margen de la Ruta 20, cerca de San Pedro. Con casi 120 personas asentadas, dad indígena del país donde se terminó el relevamiento territorial que ordena la Ley 26.160, por la cual se prohíben los desalojos de estas poblaciones. Los herederos al frente de Harriet S.A. cuentan en la actualidad con más de 50 mil hectáreas en Misiones. Desde Emipa aseguraron: “Alecrín resiste hace años y va creciendo, a pesar de todo esto”.
jueves, 24 de noviembre de 2011
Los sicarios de los terratenientes
El asesinato de Cristian Ferreyra dejó al descubierto el hostigamiento que sufren miles de campesinos indígenas para que abandonen sus tierras. Cómo funcionan las patotas de matones a sueldo que trabajan para empresarios.
El campesino indígena Cristian Ferreyra (23) almorzaba el miércoles último con su familia en la casa de su cuñado César Godoy (31), en Campo de Mayo. Es un paraje donde vive la comunidad San Antonio, a 60 kilómetros de Monte Quemado, departamento de Copo, en Santiago del Estero. Son unas 800 familias que se autoabastecen y crían ganado en tierras ancestrales del pueblo lule-vilela, que hoy son el botín de terratenientes que buscan ampliar la frontera sojera. Luego de la comida, los integrantes del Movimiento Campesino de Santiago del Estero Vía Campesina (Mocase-VC) harían una asamblea para debatir sobre una denuncia que presentarían en la Dirección de Bosques provincial. El motivo: el desmonte que estaba concretando en esas tierras un empresario santafesino, Jorge Ciccioli, a fuerza de hostigamiento y violencia. Precisamente un rato antes, Ferreyra y Godoy le habían exigido a Mario Abregú, miembro de un grupo de choque, que terminara con el “labrado de postes”. Su hermano Carlos Abregú y Javier Juárez llegaron en moto a la casa de Godoy, que salió del rancho sin presagiar el desenlace. Lo siguieron Cristian y Sergio Ferreyra, su tío.
–¡Vos qué te creés con el lote de San Bernardo!–, le dijo Juárez. Llevaba, según el parte de la policía santiagueña, una escopeta calibre 12 colgada del cuello. Así se lo ve en la foto que sacó con un celular la madre de Godoy, y que le costó una golpiza. En la imagen el dedo de Juárez está cerca del gatillo.
–¡Y vos también qué te creés!– le contestó Cristian.
Las palabras no mediaron más. Juárez cargó la escopeta y le apuntó a Cristian. Disparó. Luego a Godoy. El primer balazo destrozó la arteria femoral de Cristian. Tardaron más de una hora en conseguir una camioneta. Llegó muerto al hospital de Monte Quemado. Cristian estaba casado y era papá de un nene de dos años. Godoy tuvo mejor suerte y hoy se recupera de sus heridas en los muslos. Juárez también forcejeó con Sergio, el tío. Llegó a gatillar el arma, pero ya no tenía cartuchos. Entonces le pegó un culatazo en los ojos y la boca. “Tengo toda hinchada la cara”, cuenta Sergio a Miradas al Sur. Igual el dolor es otro: “Cristian se ha ido y a mí me duele el alma”. El asesino escapó en la moto. Su compañero Abregú cargó el arma, intimidando, y después también desapareció. No por mucho tiempo.
El viernes fueron detenidos los cuatro. Javier Juárez, acusado como presunto autor del disparo que mató a Ferreyra. Su hermano Walter y los hermanos Abregú, en cambio, fueron imputados por amenazas. La orden había sido librada por el juez de la causa, Alejandro Fringes Sarría. El magistrado también pidió el arresto de Hugo Juárez y del empresario Ciccioli, que están prófugos. “A Juárez lo corrieron de Tucumán y después de Buenos Aires, por delincuente. Acá, monte adentro, siguió haciendo de las suyas”, relata Ramón, primo de Cristian. Ramón afirmó que Juárez tiene buenos vínculos con Carlos Hazam, el intendente de Monte Quemado. “Fue y le dijo: ‘Acabo de voltearme a dos del Mocase’.” “Esto no es un conflicto aislado, es un plan diseñado con la complicidad del Estado provincial”, agrega a este diario Antenor Ferreyra, abogado del movimiento y conocedor del conflicto por la tierra.
Los ejércitos privados. El viernes por la mañana, compañeros y familiares sepultaron a Cristian. El suyo es el tercer funeral de un campesino del Mocase. “El año pasado, la policía provincial mató a un militante de apellido Maldonado. Un tiempo antes, durante otra represión policial, a otro integrante de apellido Ferreyra”, enumera Antenor. Otros campesinos murieron en otras provincias resistiendo en sus tierras y defendiendo sus bosques: el diaguita Javier Chocobar en Tucumán, el qom Roberto López en Formosa y Sandra Juárez, mientras una topadora embestía contra su rancho. Pero el crimen de esta semana cambia de signo: las guardias blancas, cuerpos de represión privados de terratenientes y latifundistas, que nunca habían fusilado a un campesino con tanto desparpajo.
El de las “guardias blancas” es un fenómeno que se conocía en otros países de América latina, pero que parecía lejano en estas tierras. ¿Por qué se imponen entonces? Norma Giarracca, titular de Sociología Rural e investigadora principal del Instituto Gino Germani de la UBA tiene una explicación: “Fue no hace mucho que llegaron, con la expansión sojera y la necesidad de tierras una vez ocupadas, vía endeudamientos y desplazamientos, las mejores de la región pampeana. En efecto, cuando el precio de la commodity aumentó y ‘la fiebre de la soja’ inundó estos territorios, los inversores comenzaron a buscar con modos nada democráticos el recurso tan deseado. Así comienza la tala indiscriminada de bosques y yungas y el arrebato de territorios a comunidades campesinas e indígenas amparadas por una legislación, que como toda la legislación de los sectores subalternos, es débil y ambigua frente a las interpretaciones de un poder judicial muy conectado con los actores del negocio, como lo han demostrado excelentes investigaciones recientes”, señala a Miradas al Sur.
Precisamente de la complicidad del poder judicial se quejan los campesinos. El Mocase ya presentó 220 causas por agresiones en distintos juzgados provinciales. “Son desoídas”, advierte Antenor. Incluso habían denunciado al clan de los Juárez dos veces por atacar contra la FM Pajsachama. La última vez amenazaron a los locutores con armas y tiraron ácidos sobre las consolas. “Sarrías Fringes nunca hizo nada”, subraya Antenor. El poder judicial es el reflejo fiel del poder político. “El proyecto de Ciccioli es el mismo que el del gobernador Gerardo Zamora: desalojar personas y destruir el territorio indígena”, asegura Ramón.
La tierra es nuestra. "Llevamos más de veinte años de lucha. Es muy triste que por nuestra postura tengamos que pagar tan caro, con la vida de este chango nuestro”, dice Antenor. Como telón de fondo hay voces y bocinazos. Es viernes al mediodía: una centena de campesinos, junto a otras organizaciones sociales, marcharon hacia la Casa de Santiago del Estero en la ciudad de Buenos Aires para exigir el esclarecimiento del crimen de su paisano. Antenor levanta la voz: “La amenaza es fuerte. Pero ni un metro más: la tierra es nuestra”. El Mocase nació hace 21 años y es la organización campesina más importante del norte argentino. Son unas ocho mil familias –casi 40 mil personas– organizadas en treinta regionales. Fueron pioneros en advertir la nocividad del monocultivo sojero que ha ido devastando los bosques nativos –y sus ecosistemas– para ganar superficie cultibable.
Para Giarraca, el crimen de Cristian es “una historia que se ha repetido a lo largo de este período de expansión del agronegocio”. “El interrogante que podemos formularnos es: ¿Hay límites a estos hechos que deben avergonzarnos como sociedad que busca afanosamente su democratización? No podemos ser muy optimistas dados los proyectos agrarios anunciados en los últimos tiempos, pues para aumentar a 160 millones de toneladas granarias para el 2020, por más que la biotecnología aporte más semillas transgénicas, la clave reside en la mayor expansión de la frontera de este tipo de agricultura. Es decir: desmontes trampeando cuando las leyes estén correctamente reglamentadas, y prepotencia con poblaciones que tienen otro sentido de lo que significa la tierra y los alimentos. Hay que debatir mucho sobre lo que necesitamos como producción de alimentos el conjunto de los argentinos y no sólo aquellos que sólo corren detrás de ganancias y rentas”.
En sintonía con Giarraca, la filósofa y doctora en Ciencias Sociales Maristella Svampa opina ante Miradas al Sur que “los modelos de desarrollo que hoy se están imponiendo (agronegocios, megaminería, emprendimientos turísticos, entre otros) exigen una gran concentración de tierras y producen una reconfiguración de los territorios, lo cual se expresa de modo emblemático en la expansión de las ‘fronteras de explotación’”. Para la investigadora, el resultado es “el avance de una dinámica de despojo o desposesión, que genera un modelo de dominación que abre a un nuevo ciclo de violación de los derechos humanos. Hoy se minimiza la conexión entre modelos de desarrollo y despojo de tierras, fenómeno que involucra comunidades campesinas e indígenas, y de modo más general, a habitantes de pequeñas y medianas localidades. En este aspecto, el futuro que muestra la Argentina es muy sombrío. Es altamente probable que la dinámica de desposesión se agrave y, con ello, la criminalización y los asesinatos aumenten, ya que se trata de modelos de concentración de tierras que son excluyentes, que no permiten la coexistencia con otras formas de vida”. Svampa también advierte sobre el nuevo proyecto de ley antiterrorista, presentado en el Senado: “La ley derogaría las figuras actuales (ya de por sí objetables), para establecer una agravante figura genérica para cualquier delito. Pretende, ingenua o maliciosamente, que ‘quedan fuera de toda interpretación criminalizante los hechos de protesta social’, siempre que se trate del ejercicio de un derecho constitucional, cuando en realidad el proyecto de ley muestra una clara potencialidad represiva”.
A desalambrar. El Mocase-VC denuncia que Ciccioli es un empresario de los muchos que llegaron a Santiago del Estero para ensanchar las fronteras agropecuarias. Compró alrededor de 3.500 hectáreas que incluían la localidad de San Bernardo, a cuyos lugareños aduce haberles comprado sus derechos de posesión. “No fue muy legal: Ciccioli compró unas 1.800 hectáreas de superficie a topar. Nosotros la defendimos, y nos costó la vida de mi primo”, dice Ramón. Unas cuarenta familias siguen resistiendo de manera pacífica. ¿Cómo? El Mocase propone cortar los alambrados de los latifundistas y volver a ocupar las tierras que habitan hace varias generaciones con un modelo de producción familiar. “El campo que compró Ciccioli tiene una escuela pública adentro. Él alambró la escuela, y estos Juárez le dijeron a las madres que si cruzaban el campo para ir a la escuela los iban a matar a balazos”, dice Antenor.
Pedro Orieta es abogado de comunidades campesinas. En diálogo con Miradas al Sur, explica que “el hostigamiento a los campesinos es constante”. “En Santiago del Estero la mayoría de los campesinos indígenas no tienen los títulos de las propiedades. Los consiguen a veces, con mucho esfuerzo, a través del ‘derecho veinteañal, el derecho de posesión de la tierra. Pero son pocos los jueces que lo aplican.” El abogado concluye: “Hay una invisibilización de la forma de vida campesina, que sostiene desde hace siglos un modelo productivo que hoy, para el modelo capitalista, no es rentable. Estamos viendo cómo se enfrentan dos modelos. Uno, que resiste. Y otro que se impone a fuerza de balas”.
En el último relevamiento sobre la superficie de bosques nativos en el Chaco Argentino –Chaco, Santiago del Estero, parte de Formosa, Salta y Jujuy–, la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable da cuenta de la “pérdida de superficie de bosque causada principalmente por el avance de la frontera agropecuaria”. Entre 1998-2002 se deforestaron unas 430 mil hectáreas. La cifra se duplicó en 806 mil entre 2002-2006. Sólo en un año, hasta 2007, se habían devastado 317 mil hectáreas. En diciembre de ese año, la sanción de la Ley de Bosques preveía la suspensión total de los desmontes hasta que cada provincia relevara la superficie boscosa y reviera los permisos. Sin embargo, 136 mil hectáreas fueron desfoliadas ilegalmente. El informe advierte que los lugares donde crecían árboles, las imágenes satelitales detectaban “nuevos cultivos que corresponden a soja”. Santiago del Estero era una de las provincias con mayor índice de desmonte, aunque la mayor parte del cultivo sojero se daba en la zona sur. Hoy lo cubre todo.
El campesino indígena Cristian Ferreyra (23) almorzaba el miércoles último con su familia en la casa de su cuñado César Godoy (31), en Campo de Mayo. Es un paraje donde vive la comunidad San Antonio, a 60 kilómetros de Monte Quemado, departamento de Copo, en Santiago del Estero. Son unas 800 familias que se autoabastecen y crían ganado en tierras ancestrales del pueblo lule-vilela, que hoy son el botín de terratenientes que buscan ampliar la frontera sojera. Luego de la comida, los integrantes del Movimiento Campesino de Santiago del Estero Vía Campesina (Mocase-VC) harían una asamblea para debatir sobre una denuncia que presentarían en la Dirección de Bosques provincial. El motivo: el desmonte que estaba concretando en esas tierras un empresario santafesino, Jorge Ciccioli, a fuerza de hostigamiento y violencia. Precisamente un rato antes, Ferreyra y Godoy le habían exigido a Mario Abregú, miembro de un grupo de choque, que terminara con el “labrado de postes”. Su hermano Carlos Abregú y Javier Juárez llegaron en moto a la casa de Godoy, que salió del rancho sin presagiar el desenlace. Lo siguieron Cristian y Sergio Ferreyra, su tío.
–¡Vos qué te creés con el lote de San Bernardo!–, le dijo Juárez. Llevaba, según el parte de la policía santiagueña, una escopeta calibre 12 colgada del cuello. Así se lo ve en la foto que sacó con un celular la madre de Godoy, y que le costó una golpiza. En la imagen el dedo de Juárez está cerca del gatillo.
–¡Y vos también qué te creés!– le contestó Cristian.
Las palabras no mediaron más. Juárez cargó la escopeta y le apuntó a Cristian. Disparó. Luego a Godoy. El primer balazo destrozó la arteria femoral de Cristian. Tardaron más de una hora en conseguir una camioneta. Llegó muerto al hospital de Monte Quemado. Cristian estaba casado y era papá de un nene de dos años. Godoy tuvo mejor suerte y hoy se recupera de sus heridas en los muslos. Juárez también forcejeó con Sergio, el tío. Llegó a gatillar el arma, pero ya no tenía cartuchos. Entonces le pegó un culatazo en los ojos y la boca. “Tengo toda hinchada la cara”, cuenta Sergio a Miradas al Sur. Igual el dolor es otro: “Cristian se ha ido y a mí me duele el alma”. El asesino escapó en la moto. Su compañero Abregú cargó el arma, intimidando, y después también desapareció. No por mucho tiempo.
El viernes fueron detenidos los cuatro. Javier Juárez, acusado como presunto autor del disparo que mató a Ferreyra. Su hermano Walter y los hermanos Abregú, en cambio, fueron imputados por amenazas. La orden había sido librada por el juez de la causa, Alejandro Fringes Sarría. El magistrado también pidió el arresto de Hugo Juárez y del empresario Ciccioli, que están prófugos. “A Juárez lo corrieron de Tucumán y después de Buenos Aires, por delincuente. Acá, monte adentro, siguió haciendo de las suyas”, relata Ramón, primo de Cristian. Ramón afirmó que Juárez tiene buenos vínculos con Carlos Hazam, el intendente de Monte Quemado. “Fue y le dijo: ‘Acabo de voltearme a dos del Mocase’.” “Esto no es un conflicto aislado, es un plan diseñado con la complicidad del Estado provincial”, agrega a este diario Antenor Ferreyra, abogado del movimiento y conocedor del conflicto por la tierra.
Los ejércitos privados. El viernes por la mañana, compañeros y familiares sepultaron a Cristian. El suyo es el tercer funeral de un campesino del Mocase. “El año pasado, la policía provincial mató a un militante de apellido Maldonado. Un tiempo antes, durante otra represión policial, a otro integrante de apellido Ferreyra”, enumera Antenor. Otros campesinos murieron en otras provincias resistiendo en sus tierras y defendiendo sus bosques: el diaguita Javier Chocobar en Tucumán, el qom Roberto López en Formosa y Sandra Juárez, mientras una topadora embestía contra su rancho. Pero el crimen de esta semana cambia de signo: las guardias blancas, cuerpos de represión privados de terratenientes y latifundistas, que nunca habían fusilado a un campesino con tanto desparpajo.
El de las “guardias blancas” es un fenómeno que se conocía en otros países de América latina, pero que parecía lejano en estas tierras. ¿Por qué se imponen entonces? Norma Giarracca, titular de Sociología Rural e investigadora principal del Instituto Gino Germani de la UBA tiene una explicación: “Fue no hace mucho que llegaron, con la expansión sojera y la necesidad de tierras una vez ocupadas, vía endeudamientos y desplazamientos, las mejores de la región pampeana. En efecto, cuando el precio de la commodity aumentó y ‘la fiebre de la soja’ inundó estos territorios, los inversores comenzaron a buscar con modos nada democráticos el recurso tan deseado. Así comienza la tala indiscriminada de bosques y yungas y el arrebato de territorios a comunidades campesinas e indígenas amparadas por una legislación, que como toda la legislación de los sectores subalternos, es débil y ambigua frente a las interpretaciones de un poder judicial muy conectado con los actores del negocio, como lo han demostrado excelentes investigaciones recientes”, señala a Miradas al Sur.
Precisamente de la complicidad del poder judicial se quejan los campesinos. El Mocase ya presentó 220 causas por agresiones en distintos juzgados provinciales. “Son desoídas”, advierte Antenor. Incluso habían denunciado al clan de los Juárez dos veces por atacar contra la FM Pajsachama. La última vez amenazaron a los locutores con armas y tiraron ácidos sobre las consolas. “Sarrías Fringes nunca hizo nada”, subraya Antenor. El poder judicial es el reflejo fiel del poder político. “El proyecto de Ciccioli es el mismo que el del gobernador Gerardo Zamora: desalojar personas y destruir el territorio indígena”, asegura Ramón.
La tierra es nuestra. "Llevamos más de veinte años de lucha. Es muy triste que por nuestra postura tengamos que pagar tan caro, con la vida de este chango nuestro”, dice Antenor. Como telón de fondo hay voces y bocinazos. Es viernes al mediodía: una centena de campesinos, junto a otras organizaciones sociales, marcharon hacia la Casa de Santiago del Estero en la ciudad de Buenos Aires para exigir el esclarecimiento del crimen de su paisano. Antenor levanta la voz: “La amenaza es fuerte. Pero ni un metro más: la tierra es nuestra”. El Mocase nació hace 21 años y es la organización campesina más importante del norte argentino. Son unas ocho mil familias –casi 40 mil personas– organizadas en treinta regionales. Fueron pioneros en advertir la nocividad del monocultivo sojero que ha ido devastando los bosques nativos –y sus ecosistemas– para ganar superficie cultibable.
Para Giarraca, el crimen de Cristian es “una historia que se ha repetido a lo largo de este período de expansión del agronegocio”. “El interrogante que podemos formularnos es: ¿Hay límites a estos hechos que deben avergonzarnos como sociedad que busca afanosamente su democratización? No podemos ser muy optimistas dados los proyectos agrarios anunciados en los últimos tiempos, pues para aumentar a 160 millones de toneladas granarias para el 2020, por más que la biotecnología aporte más semillas transgénicas, la clave reside en la mayor expansión de la frontera de este tipo de agricultura. Es decir: desmontes trampeando cuando las leyes estén correctamente reglamentadas, y prepotencia con poblaciones que tienen otro sentido de lo que significa la tierra y los alimentos. Hay que debatir mucho sobre lo que necesitamos como producción de alimentos el conjunto de los argentinos y no sólo aquellos que sólo corren detrás de ganancias y rentas”.
En sintonía con Giarraca, la filósofa y doctora en Ciencias Sociales Maristella Svampa opina ante Miradas al Sur que “los modelos de desarrollo que hoy se están imponiendo (agronegocios, megaminería, emprendimientos turísticos, entre otros) exigen una gran concentración de tierras y producen una reconfiguración de los territorios, lo cual se expresa de modo emblemático en la expansión de las ‘fronteras de explotación’”. Para la investigadora, el resultado es “el avance de una dinámica de despojo o desposesión, que genera un modelo de dominación que abre a un nuevo ciclo de violación de los derechos humanos. Hoy se minimiza la conexión entre modelos de desarrollo y despojo de tierras, fenómeno que involucra comunidades campesinas e indígenas, y de modo más general, a habitantes de pequeñas y medianas localidades. En este aspecto, el futuro que muestra la Argentina es muy sombrío. Es altamente probable que la dinámica de desposesión se agrave y, con ello, la criminalización y los asesinatos aumenten, ya que se trata de modelos de concentración de tierras que son excluyentes, que no permiten la coexistencia con otras formas de vida”. Svampa también advierte sobre el nuevo proyecto de ley antiterrorista, presentado en el Senado: “La ley derogaría las figuras actuales (ya de por sí objetables), para establecer una agravante figura genérica para cualquier delito. Pretende, ingenua o maliciosamente, que ‘quedan fuera de toda interpretación criminalizante los hechos de protesta social’, siempre que se trate del ejercicio de un derecho constitucional, cuando en realidad el proyecto de ley muestra una clara potencialidad represiva”.
A desalambrar. El Mocase-VC denuncia que Ciccioli es un empresario de los muchos que llegaron a Santiago del Estero para ensanchar las fronteras agropecuarias. Compró alrededor de 3.500 hectáreas que incluían la localidad de San Bernardo, a cuyos lugareños aduce haberles comprado sus derechos de posesión. “No fue muy legal: Ciccioli compró unas 1.800 hectáreas de superficie a topar. Nosotros la defendimos, y nos costó la vida de mi primo”, dice Ramón. Unas cuarenta familias siguen resistiendo de manera pacífica. ¿Cómo? El Mocase propone cortar los alambrados de los latifundistas y volver a ocupar las tierras que habitan hace varias generaciones con un modelo de producción familiar. “El campo que compró Ciccioli tiene una escuela pública adentro. Él alambró la escuela, y estos Juárez le dijeron a las madres que si cruzaban el campo para ir a la escuela los iban a matar a balazos”, dice Antenor.
Pedro Orieta es abogado de comunidades campesinas. En diálogo con Miradas al Sur, explica que “el hostigamiento a los campesinos es constante”. “En Santiago del Estero la mayoría de los campesinos indígenas no tienen los títulos de las propiedades. Los consiguen a veces, con mucho esfuerzo, a través del ‘derecho veinteañal, el derecho de posesión de la tierra. Pero son pocos los jueces que lo aplican.” El abogado concluye: “Hay una invisibilización de la forma de vida campesina, que sostiene desde hace siglos un modelo productivo que hoy, para el modelo capitalista, no es rentable. Estamos viendo cómo se enfrentan dos modelos. Uno, que resiste. Y otro que se impone a fuerza de balas”.
En el último relevamiento sobre la superficie de bosques nativos en el Chaco Argentino –Chaco, Santiago del Estero, parte de Formosa, Salta y Jujuy–, la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable da cuenta de la “pérdida de superficie de bosque causada principalmente por el avance de la frontera agropecuaria”. Entre 1998-2002 se deforestaron unas 430 mil hectáreas. La cifra se duplicó en 806 mil entre 2002-2006. Sólo en un año, hasta 2007, se habían devastado 317 mil hectáreas. En diciembre de ese año, la sanción de la Ley de Bosques preveía la suspensión total de los desmontes hasta que cada provincia relevara la superficie boscosa y reviera los permisos. Sin embargo, 136 mil hectáreas fueron desfoliadas ilegalmente. El informe advierte que los lugares donde crecían árboles, las imágenes satelitales detectaban “nuevos cultivos que corresponden a soja”. Santiago del Estero era una de las provincias con mayor índice de desmonte, aunque la mayor parte del cultivo sojero se daba en la zona sur. Hoy lo cubre todo.
jueves, 17 de noviembre de 2011
ASESINAN A CRISTIAN FERREYRA, MIEMBRO DEL MOCASE VIA CAMPESINA
En la tarde de hoy, miércoles 16 de noviembre, la comunidad de San Antonio comunicó, que en la casa de la Familia Ferreyra se apersonaron Javier y Arturo Juaréz, sicarios de empresario Ciccioli oriundo de Santa Fé, y dispararon a sangre fria contra dos campesinos, causando la muerte con una escopeta a Cristán Ferreyra de 25 años e hirieron de gravedad a otro compañero que se encuentra en observación en el hospital de la capital santiagueña y un tercero con golpes graves.
La comunidad de San Antonio, a 60 km de Monte Quemado, miembro de la CCCOPAL MOCASE-Vía Campesina, viene resistiendo al intento de desalojo de empresarios que han contratado matones armados para realizar amedrentamiento en la zona norte de Santiago del Estero. Los empresarios que intentan acaparar las tierras, Los Julianes, Ciccioli, Ricardo Villa, Saud son venidos de Santa Fe y Tucumán; éstos son los mismos que han diseñado el plan de ataque que vienen sufriendo los campesinos indigenas en los departamentos Copo, Pellegrini y Alberdi desde hace 4 meses de forma sistemática. Unos ejemplos son la detención arbitraria de Ricardo Cuellar, el atentado a la FM Pajsachama, la quema de ranchos y pertenencias de campesinos de la CCCOPAL.
Esto ocurre con complicidad y alevociía de parte de autoridades provinciales y funcionarios del poder judicial e instituciones como la dirección provincial de bosque, quien AUTORIZO desmonte en un lugar donde viven familias campesinas indigenas de varias generaciones. A todos ellos los hacemos responsables directos del asesinato de Cristian.
Desde éstos territorios campesinos indígenas, se viene denunciando los atropellos, tal es así que el Juez Penal Alejandro Fringes Sarria de Monte Quemado ya tiene varias denuncias y no hizo nada para detener la escalada de violencia que impera en la zona. También el Comité de Crisis supo hacer relevamiento de las situaciones de atropellos. Hasta el momento, sólo la organización de las comunidades ha logrado evitar los desalojos y desmontes de miles de hectáreas.
En varias oportunidades el empresario Cicciola, amenazó publicamente que mataría a un campesino del MOCASE-VC para que dejen de" molestar". El asesinato de Crístian Ferreyra no va a quedar impune y con toda la rabia y dolor que sentimos sus compañeros y compañeras, reafirmamos una vez más, que en la defensa de nuestros territorios llegaremos hasta la últimas consecuencias.
Cristian Ferreyra Presente!!!
Ni un metro más, la tierra es nuestra!
Somos Tierra para Alimentar a los Pueblos
La comunidad de San Antonio, a 60 km de Monte Quemado, miembro de la CCCOPAL MOCASE-Vía Campesina, viene resistiendo al intento de desalojo de empresarios que han contratado matones armados para realizar amedrentamiento en la zona norte de Santiago del Estero. Los empresarios que intentan acaparar las tierras, Los Julianes, Ciccioli, Ricardo Villa, Saud son venidos de Santa Fe y Tucumán; éstos son los mismos que han diseñado el plan de ataque que vienen sufriendo los campesinos indigenas en los departamentos Copo, Pellegrini y Alberdi desde hace 4 meses de forma sistemática. Unos ejemplos son la detención arbitraria de Ricardo Cuellar, el atentado a la FM Pajsachama, la quema de ranchos y pertenencias de campesinos de la CCCOPAL.
Esto ocurre con complicidad y alevociía de parte de autoridades provinciales y funcionarios del poder judicial e instituciones como la dirección provincial de bosque, quien AUTORIZO desmonte en un lugar donde viven familias campesinas indigenas de varias generaciones. A todos ellos los hacemos responsables directos del asesinato de Cristian.
Desde éstos territorios campesinos indígenas, se viene denunciando los atropellos, tal es así que el Juez Penal Alejandro Fringes Sarria de Monte Quemado ya tiene varias denuncias y no hizo nada para detener la escalada de violencia que impera en la zona. También el Comité de Crisis supo hacer relevamiento de las situaciones de atropellos. Hasta el momento, sólo la organización de las comunidades ha logrado evitar los desalojos y desmontes de miles de hectáreas.
En varias oportunidades el empresario Cicciola, amenazó publicamente que mataría a un campesino del MOCASE-VC para que dejen de" molestar". El asesinato de Crístian Ferreyra no va a quedar impune y con toda la rabia y dolor que sentimos sus compañeros y compañeras, reafirmamos una vez más, que en la defensa de nuestros territorios llegaremos hasta la últimas consecuencias.
Cristian Ferreyra Presente!!!
Ni un metro más, la tierra es nuestra!
Somos Tierra para Alimentar a los Pueblos
martes, 15 de noviembre de 2011
Colectivo imaginario
Pasan entrenadores, torneos, copas y eliminatorias con la misma base de jugadores. Se piensa que en algún momento va a surgir un equipo que todavía no aparece.
El marco fue el exacto para el cuadro. Ni los simpatizantes de ocasión ni los encumbrados empresarios acompañados de sus numerosas familias con entradas de protocolo que copan las plateas bajas del Monumental, ni los hinchas que sienten verdadera atracción por la Selección ni las nenas que van a gritar por Messi y Agüero (el viernes ausente) cada vez que agarran la pelota como si fueran Justin Bieber. Nada de eso alcanzó para darle a la cancha de River una escenografía acorde. Más bien se parecía a los homenajes que le realiza la AFA a los viejos campeones del mundo, cada tanto, donde sólo van los nostálgicos. Triste.
Y, dentro de ese marco, el equipo de Sabella estuvo acorde. Con claroscuros, obvio. En líneas generales el concepto no varía desde hace cuatro años. Ofrece poco y –con poco– gana o pierde pero rara vez juega bien.
Química. Dante Panzeri, quien es referente por ser un parámetro moral y ético dentro del periodismo, también debería ser leído y revisado desde los amplios conocimientos de fútbol que ostentaba. Con un concepto suyo de un capítulo del imprescindible Fútbol Dinámica de lo Impensado, de 1967, sobra para explicar los porqués de la Selección. El se blanquean los problemas y se genera una comunión inquebrantable en busca de un objetivo común a corto plazo y las individualidades estallan y llevan al éxito al equipo (Argentina ’86), o porque después de una derrota, la vergüenza deportiva de los integrantes del grupo revierte esta situación a través del orgullo. Dante, cuando hablaba de la conformación de un equipo, se refería a la homogeneidad de lo heterogéneo. Es decir, un conjunto de individualidades diferentes que terminan por transformarse en algo.
En algunos casos, esto se produce naturalmente –algunas veces, por propia química entre sus integrantes, que después se llamará mística–, en otros tantos se genera por el trabajo de años, inclusive desde inferiores (el Barcelona), en otros, porque y reviven de sus propias tristezas (Central descendió en 1984, ascendió en 1985 y salió campeón de primera en el campeonato 1986/1987), o porque tiene un entrenador que sabe poner en caja las vanidades y apunta al sacrificio colectivo en busca del objetivo (Bielsa en Chile). Las variables para que se genere ese punto donde 22 jugadores dejan de ser un montón de intenciones y pasen a ser un equipo, son muchas.
El equipo que el viernes empató 1 a 1 con Bolivia, en un partido que tranquilamente pudo haber ganado (y perdido sobre el final) transitó, con escasas variantes en la conformación de su plantel, muchas de estas situaciones. Sin embargo, no consigue manera de que aparezca lo colectivo. No hay Messi, no hay Higuaín, no hay Pastore, ni hay Agüero, ni hubo Tévez, ni hubiese habido Maradona, Batistuta, Caniggia, Passarella o Kempes sin equipo.
Players. Estos jugadores vienen trabajando juntos desde hace cuatro temporadas. Soslayando la interpretación del fútbol de los técnicos que pasaron, incluyendo a Sabella, ¿no será que es improbable que el equipo aparezca por más que pareciera que con tales nombres debería ganar todos los partidos caminando? ¿Será que es imposible que se produzca la homogeneidad de lo heterogéneo como pedía Panzeri? A Basile –comparado con el presente, sus ciclos fueron grandiosos–, a Maradona y a Batista los arrasó este estigma. Pachorra, al menos, tiene oportunidad de cambiar antes de que lo pase por encima la realidad.
Crhistian Remoli
El marco fue el exacto para el cuadro. Ni los simpatizantes de ocasión ni los encumbrados empresarios acompañados de sus numerosas familias con entradas de protocolo que copan las plateas bajas del Monumental, ni los hinchas que sienten verdadera atracción por la Selección ni las nenas que van a gritar por Messi y Agüero (el viernes ausente) cada vez que agarran la pelota como si fueran Justin Bieber. Nada de eso alcanzó para darle a la cancha de River una escenografía acorde. Más bien se parecía a los homenajes que le realiza la AFA a los viejos campeones del mundo, cada tanto, donde sólo van los nostálgicos. Triste.
Y, dentro de ese marco, el equipo de Sabella estuvo acorde. Con claroscuros, obvio. En líneas generales el concepto no varía desde hace cuatro años. Ofrece poco y –con poco– gana o pierde pero rara vez juega bien.
Química. Dante Panzeri, quien es referente por ser un parámetro moral y ético dentro del periodismo, también debería ser leído y revisado desde los amplios conocimientos de fútbol que ostentaba. Con un concepto suyo de un capítulo del imprescindible Fútbol Dinámica de lo Impensado, de 1967, sobra para explicar los porqués de la Selección. El se blanquean los problemas y se genera una comunión inquebrantable en busca de un objetivo común a corto plazo y las individualidades estallan y llevan al éxito al equipo (Argentina ’86), o porque después de una derrota, la vergüenza deportiva de los integrantes del grupo revierte esta situación a través del orgullo. Dante, cuando hablaba de la conformación de un equipo, se refería a la homogeneidad de lo heterogéneo. Es decir, un conjunto de individualidades diferentes que terminan por transformarse en algo.
En algunos casos, esto se produce naturalmente –algunas veces, por propia química entre sus integrantes, que después se llamará mística–, en otros tantos se genera por el trabajo de años, inclusive desde inferiores (el Barcelona), en otros, porque y reviven de sus propias tristezas (Central descendió en 1984, ascendió en 1985 y salió campeón de primera en el campeonato 1986/1987), o porque tiene un entrenador que sabe poner en caja las vanidades y apunta al sacrificio colectivo en busca del objetivo (Bielsa en Chile). Las variables para que se genere ese punto donde 22 jugadores dejan de ser un montón de intenciones y pasen a ser un equipo, son muchas.
El equipo que el viernes empató 1 a 1 con Bolivia, en un partido que tranquilamente pudo haber ganado (y perdido sobre el final) transitó, con escasas variantes en la conformación de su plantel, muchas de estas situaciones. Sin embargo, no consigue manera de que aparezca lo colectivo. No hay Messi, no hay Higuaín, no hay Pastore, ni hay Agüero, ni hubo Tévez, ni hubiese habido Maradona, Batistuta, Caniggia, Passarella o Kempes sin equipo.
Players. Estos jugadores vienen trabajando juntos desde hace cuatro temporadas. Soslayando la interpretación del fútbol de los técnicos que pasaron, incluyendo a Sabella, ¿no será que es improbable que el equipo aparezca por más que pareciera que con tales nombres debería ganar todos los partidos caminando? ¿Será que es imposible que se produzca la homogeneidad de lo heterogéneo como pedía Panzeri? A Basile –comparado con el presente, sus ciclos fueron grandiosos–, a Maradona y a Batista los arrasó este estigma. Pachorra, al menos, tiene oportunidad de cambiar antes de que lo pase por encima la realidad.
Crhistian Remoli
jueves, 10 de noviembre de 2011
Dice Gioconda Belli
Las izquierdas y su idea de "centralismo democrático" y aquello que dijo Fidel: "dentro de la revolución todo, fuera de la revolución, nada" condujeron al secretismo, a la doble moral, al doble discurso, a la falta de transparencia y a la propaganda vacia de contenido. Eso se expresó en el estancamiento del pensamiento y en la persecusión y el menosprecio de la crítica verdadera y de los intelectuales. La falta de crítica lleva a una suerte de militarización del pensamiento que destruye toda posibilidad de crecimiento, de renovación y de generar ideas nuevas para enfrentar nuevos retos.
Esa rigidez condujo, sin duda, al fracaso de esos socialismos impuestos desde arriba y mantenidos por la fuerza.
Esa rigidez condujo, sin duda, al fracaso de esos socialismos impuestos desde arriba y mantenidos por la fuerza.
miércoles, 9 de noviembre de 2011
Mundo panza
Los hijos del amor sonríen
la mano acaricia el vientre
los ojos buscan los ojos
las bocas se hablan y se besan
las respiraciones serenas se contestan sin palabras
entre la mano y el vientre la esperanza.
Toni.
la mano acaricia el vientre
los ojos buscan los ojos
las bocas se hablan y se besan
las respiraciones serenas se contestan sin palabras
entre la mano y el vientre la esperanza.
Toni.
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