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miércoles, 17 de julio de 2013

LA VERDADERA DEUDA EXTERNA

Aquí pues yo, Guaicaipuro Cuatémoc, he venido a encontrar a los que celebran el encuentro.
Aquí pues yo, descendiente de los que poblaron la América hace cuarenta mil años, he venido a encontrar a los que se encontraron hace quinientos años.
Aquí pues nos encontramos todos. Sabemos lo que somos, y es bastante. Nunca tendremos otra cosa.
El hermano aduanero europeo me pide papel escrito con visa para poder descubrir a los que me descubrieron. El hermano usurero europeo me pide pago de una deuda contraída por Judas, a quien nunca autoricé a venderme. El hermano leguleyo europeo me explica que toda deuda se paga con
intereses, aunque sea vendiendo seres humanos y países enteros, sin pedirles consentimiento. Yo los voy descubriendo.
También yo puedo reclamar pagos, también puedo reclamar intereses.
Consta en el Archivo de Indias. Papel sobre papel, recibo sobre recibo, firma sobre firma, que solamente entre el año 1503 y 1660 llegaron a Sanlúcar de Barrameda 185 mil Kg de oro y 16 millones Kg de plata
provenientes de América. ¿Saqueo? ¡No lo creyera yo! Porque sería pensar que los hermanos cristianos faltaron al Séptimo Mandamiento. ¿Expoliación? ¡Guárdeme Tanatzin de figurarme que los europeos, como Caín, matan y niegan la sangre del hermano! ¿Genocidio? ¡Eso sería dar crédito a calumniadores como Bartolomé de las Casas, que califican al encuentro de 'destrucción de las Indias', o a ultrosos como Arturo Uslar Pietri, que afirma que el arranque del capitalismo y la actual civilización europea se deben a la inundación de metales preciosos. ¡No! Esos 185 mil Kg de oro y 16 millones Kg de plata deben ser considerados como el primero de muchos préstamos amigables de América destinados al desarrollo de Europa. Lo contrario sería presumir la existencia de crímenes de guerra, lo que daría derecho no sólo a exigir su devolución inmediata, sino la indemnización por daños y perjuicios. Yo, Guaicaipuro Cuatémoc, prefiero creer en la menos ofensiva de las hipótesis.
Tan fabulosas exportaciones de capital no fueron más que el inicio de un plan Marshall-tezuma, para garantizar la reconstrucción de la bárbara Europa, arruinada por sus deplorables guerras contra los cultos musulmanes, creadores del álgebra, la poligamia, el baño cotidiano y otros logros superiores de la civilización. Por eso, al celebrar el Quinto Centenario del Empréstito, podremos preguntarnos: ¿Han hecho los hermanos europeos un uso racional, responsable o, por lo menos, productivo de los recursos tan generosamente adelantados por el Fondo Indoamericano Internacional? Deploramos decir que no.
En lo estratégico, lo dilapidaron en las 'batallas de Lepanto', en 'armadas invencibles', en 'terceros reichs' y otras formas de exterminio mutuo, sin otro destino que terminar ocupados por las tropas gringas de la OTAN, como Panamá pero sin canal.
En lo financiero, han sido incapaces, después de una moratoria de 500 años, tanto de cancelar el capital y sus intereses cuanto de independizarse de las rentas líquidas, las materias primas y la energía barata que les exporta el Tercer Mundo. Este deplorable cuadro corrobora la afirmación de Milton Friedman, conforme a la cual una economía subsidiada jamás puede funcionar. Y nos obliga a reclamarles, por su propio bien, el pago del capital y los intereses que, tan generosamente, hemos demorado todos estos siglos.
Al decir esto aclaramos que no nos rebajaremos a cobrarles a los hermanos europeos las viles y sanguinarias tasas flotantes de 20%, y hasta 30%, que los hermanos europeos le cobran a los pueblos del Tercer Mundo. Nos limitaremos a exigir la devolución de los metales preciosos adelantados, más el módico interés fijo de 10% anual, acumulado sólo durante los últimos 300 años.
Sobre esta base, y aplicando la fórmula europea del interés compuesto, informamos a los descubridores que nos deben, como primer pago de su deuda, una masa de 180 mil Kg de oro y 16 millones Kg de plata, ambas elevadas a la potencia de 300. Es decir, un número para cuya expresión total, serían necesarias más de 300 cifras, y que supera ampliamente el peso total de la Tierra. ¡Muy pesadas son esas moles de oro y plata! ¿Cuánto pesarían, calculadas en sangre? 
Aducir que Europa, en medio milenio, no ha podido generar riquezas suficientes para cancelar ese módico interés, sería tanto como admitir su absoluto fracaso financiero y/o la demencial irracionalidad de los supuestos del capitalismo.
Tales cuestiones metafísicas, desde luego, no nos inquietan a los indoamericanos.
Pero sí exigimos en forma inmediata la firma de una 'carta de intención' que discipline a los pueblos deudores del Viejo Continente; y que los obligue a cumplir su compromiso mediante una pronta privatización o reconversión de Europa, que les permita entregárnosla entera, como primer pago de la deuda histórica.
Dicen los pesimistas del Viejo Mundo que su civilización está en una bancarrota tal que les impide cumplir con sus compromisos financieros o morales.
En tal caso, nos contentaríamos con que nos pagaran entregándonos la bala con la que mataron al Poeta.
Pero no podrán.
Porque esa bala es el corazón de Europa.

Por Luis Brito García

martes, 23 de abril de 2013

Unidad en la diversidad

Las rupturas, con los variopintos andamiajes del neoliberalismo en cada uno de nuestros países y su reemplazo por nuevas articulaciones políticas, económicas, sociales y culturales no podrán profundizarse si no se consolida el gran telón de fondo que es la unidad en la diversidad de la región.
Se trata de una construcción que tiene que ver con la búsqueda de una identidad propia de la región, una identidad común, lo que no implica que cada uno pierda la suya. Es un proceso de integración de países diversos, con culturas diversas, con historias diversas, y con decisiones de sus pueblos diversas, pero que tienen denominadores comunes alrededor de los cuales se va construyendo un nuevo modelo de integración, con claros perfiles emancipatorios.
Esta región tiene los recursos fundamentales y estratégicos que serán claves para el desarrollo futuro de la humanidad: alimentos, energía y agua potable. Un gran desafío es avanzar en la configuración de las instituciones que garanticen que los recursos estén al servicio de toda la región. Los líderes de nuestros procesos no se han cansado de enfatizar que el soporte decisivo de los cambios conquistados en latinoamérica y su consolidación y desarrollo lo constituyen los sectores populares, esos mismos que fueron marginalizados y excluidos por el neoliberalismo. Por supuesto que este nuevo estilo de integración molesta y recibe todo tipo de ataques, especialmente a partir de las medidas que se toman en materia de recuperación de la soberanía. 
El concepto de soberanía se ha ido constituyendo en un atributo clave de decisiones centrales en las políticas económicas nacionales y regionales. 
Se ha puesto de manifiesto la defensa de la soberanía en un sentido integral. Un escenario de defensa de nuestros recursos estratégicos y de complementariedad con una concepción política de autonomía decisional nacional e integración regional con vistas al desarrollo de políticas de crecimiento económico, con inclusión social, redistribución del ingreso y equidad. Estos hitos constituyen un escalón superior para avanzar en la consolidación de un proyecto regional que desde la diversidad de las realidades nacionales sostenga posiciones de autonomía contra toda pretensión imperial, y permita construir un futuro compartido por las naciones de América Latina y el Caribe. 
Mientras los países centrales se debaten en un cierto clima de impotencia para superar su formidable crisis de sustentabilidad, los nuevos vientos latinoamericanos y caribeños ofrecen al mundo la posibilidad de imaginar su futuro desde un paradigma distinto. La diferencia con las recetas neoliberales es que se está logrando poner en valor la política en el contexto mundial. El regreso de la política en el mapa internacional emerge de la mano de gobiernos elegidos democráticamente por los pueblos que van mostrando el amanecer de una nueva subjetividad continental capaz de confrontar desde una misma altura, frente a frente y a los ojos a toda soberbia imperial. La integración debe ser, además de económica, política y cultural. 
La integración no es fácil ni sencilla. Es un proceso difícil y trabajoso, porque hay un objetivo general pero muchas veces hay intereses concretos que se ven afectados y que es necesario transformar. Hay controversias históricas y experiencias distintas. Todos vivimos historias diferentes y, por lo tanto, tenemos elementos que nos hacen percibir la realidad no exactamente de la misma manera. Por todo esto, en el respeto a la libre determinación de cada uno de los Estados soberanos, en la ayuda fraterna que podamos darnos, en la capacidad para entender las particularidades y complejidades de cada uno de los proyectos. Por sobre todas las cosas, en la firme voluntad de no permitir que ninguna dificultad altere lo principal, que es seguir avanzando en ese proceso de integración y unidad regional, está una de las claves para que podamos realmente ir hacia esta meta de ser realmente independientes, realmente soberanos, y que podamos construir los caminos que nos lleven a la felicidad de nuestros pueblos.

Ángel Petriella - Presidente de Idelcoop

jueves, 14 de marzo de 2013

¿Sólo los pobres miran televisión?

Los pibes que andan por la calle y los jóvenes que pueblan las cárceles tienen en común no sólo su procedencia de hogares llamados pobres sino familias fracturadas. Muchos de ellos, por ejemplo, no conocieron a sus padres biológicos. La mayoría de la sociedad se refiere a “la familia” como una categoría que no requiere mayores explicaciones. Para esos pibes marginados o marginales, muchas veces “la ranchada” ocupa el lugar de la contención y la pertenencia básica. El concepto surge de aquella ranchada carcelaria, de jerarquía de ladrones en serio, o que al menos en la mitología popular los ladrones de antes “tenían códigos”. Pero las actuales variantes de ranchadas van desde los miles que viven en las calles de las grandes urbes hasta los pibes que se juntan a tomar cerveza y compartir porros en las esquinas, cuyos estímulos básicos pasan más por la identidad futbolera y musical. No es peyorativo. Es descriptivo. Pero ninguna descripción es neutral. Tampoco la de este cronista, cuyos gustos en materia deportiva o cultural podrían ser exhibidos para ser diseccionados a la vista crítica de cualquier curioso que no sea complaciente con mis propios estándares o deseos personalísimos. Poniendo un poco más de vinagre en esta ensalada podría decirse, al menos en el caso argentino, lo siguiente: hace dos décadas, un grupo de políticos y empresarios, constituidos como clase dirigente, con legitimidad constitucional, mandaron al tacho a tres de cada diez ciudadanos. Los expulsaron del sistema laboral y redujeron todos los mecanismos de educación, salud y seguridad para que esas personas se las arreglaran en ghettos, ya sea villas miseria o mutando de lugar y de identidad de modo brutal. Diez años después, tratando de reconstruir redes sociales, esas mismas personas o sus hijos son invitados a ser incluidos. Acá se podrían decir dos cosas: que esa inclusión es la oferta de volver al sistema que antes los echó o que es una invitación a ser parte de una trama colectiva que respeta sus derechos. Las dos cosas son ciertas, porque las empresas, para ganar dinero, necesitan mano de obra calificada y disciplinada. La creación de algunos millones de puestos de trabajo (las estadísticas dicen entre cuatro y cinco) revela que la gran mayoría de los humillados obreros dejaron de lado su angustia y se pusieron la camiseta. Sabiendo, desde ya, que el patrón se lleva la parte del león. Pero hay una parte de la sociedad a la que no le llegó esa invitación o, dicho de otro modo, hay una cantidad de gente, sobre todo joven, cuya identidad no se construye a partir de aceptar que el esfuerzo, el sacrificio diario, es la base de la felicidad. Muchos pueden creer que viajar en tren tres horas diarias para ir al laburo es para los giles. Además, no se reconocen en el trabajo como un lugar de pertenencia. Recordemos que un porcentaje importante (no menos de tres de cada diez) están sin registrar, y que otra parte de ellos están registrados pero tienen que bajar la cabeza y cobrar una parte en negro. En fin, el mundo del trabajo en el capitalismo no es un jardín de infantes. Hace ya cuatro décadas, en los cines de la avenida Corrientes, muchos jóvenes veían películas como La clase obrera va al paraíso, donde la famosa alienación del sistema podía verse en clave de comedia. En el film, Gian Maria Volonté interpretaba a Lulú, un operario entregado a su labor de poner tuercas en tornillos que se daba ánimo diciendo “un pezzo un culo, un pezzo un culo”. Hasta que Lulú pierde un dedo y se vuelve el más combativo. Elio Petri, el director, no concede nada, porque los propios militantes miran al pobre Lulú como un tipo ajeno a ese mundo de iniciados. Volviendo a los pobres, no hay dudas de que entre el discurso de los políticos progresistas y populares y los intereses concretos de los empresarios hay una distancia considerable. No es que unos y otros no sepan que juegan juegos distintos. En la actual mirada, la del kirchnerismo, los planes sociales, especialmente los de tipo universal como la Asignación Universal por Hijo, son una malla de contención y un estímulo a la movilidad social ascendente. A los empresarios, básicamente, les interesa mantener la rentabilidad. Aunque se quejan de los aportes a la seguridad social, de los impuestos, de la falta de créditos y también de los ajustes salariales, podría decirse que se bancan esta etapa de la Argentina. Pese a que no es lo mismo un tallerista de veinte obreros que una multinacional, tampoco hay que pensar al empresariado argentino como parte sustantiva de un cambio a largo plazo. Por el contrario, la gran mayoría de los empresarios usan la táctica del Mostaza Merlo, paso a paso. El largo plazo, en su filosofía, es para los ingenuos. Y allí hay una buena parte del refugio en el dólar y una gran dosis de pragmatismo político de subirse al caballo ganador. No podría decirse que los empresarios que hacen giras oficiales lo hagan por haber avanzado en la competitividad o por haber invertido a largo plazo. Más de uno, en voz baja, cuenta que de esa manera arreglan para poder incrementar sus importaciones, con fórmulas que sólo entiende algún secretario de Estado que los invita a giras oficiales. Esto no es ajeno a hablar de la pobreza. Es un poco frustrante que muchas madres no vayan a la oficina de la Anses a tramitar la Asignación por Hijo y que tengan que ir los funcionarios del programa hasta su casa. Pero si hay imperfecciones en los sectores excluidos, también las hay entre los que les ofrecen incluirlos. Y ventilar las realidades suele ayudar a combatir un poco la hipocresía. Es cierto que la Argentina hace una inversión en planes sociales muy alta y que la mayoría no se rigen por criterios clientelares. Pero también es cierto que si ya no va a haber trabajo para todos y todas, como lo indican las tendencias mundiales tanto por la crisis financiera como por los nuevos paradigmas de productividad en base a paquetes tecnológicos que reemplazan a las personas, eso requiere más y mejores debates. Porque con esos planes sociales no se puede parar la olla ni conformar una identidad donde los excluidos se den por bien incluidos. Los niveles de desigualdad social y económica en los que vivimos son tan altos, que debería haber antropólogos no sólo para husmear en la diversidad cultural de los pobres. Es cierto que esos estudios a veces sirven para los programas de ayuda social. También debería haber investigadores sociales que puedan indagar por qué los ricos son tan apegados a sus propiedades y a sus privilegios. Así se podría establecer un sistema impositivo que los contemple. Para incluirlos, pero incluirlos a los hábitos de los comunes. Hace poco, Barack Obama fichó para su gabinete a una joven economista francesa que hizo una carrera brillante en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Esther Duflo, la mujer en cuestión, no se dedica a informática ni a nanotecnología, sino a estudiar la pobreza. Parece que su gran prestigio deviene de caminos un poco más prácticos que las donaciones de las fundaciones de los multimillonarios. En cambio de darles unos millones a una líder –real o virtual– para que ella administre, la economista Esther Duflo propone algo más sensato, como por ejemplo entender que muchas veces, para que la gente se vacune, no alcanza con ofrecer un kilo de lentejas en el puesto sanitario sino que es preciso ir al lugar donde viven los pobres. La joven Duflo parece más desenvuelta y menos prejuiciosa que los presidentes de las fundaciones de los bancos que últimamente están perdiendo imagen. Para avanzar en resultados concretos, entre los estudios de los equipos del laboratorio que dirige en el MIT, formulan preguntas de aspecto desprejuiciado como “¿por qué un pobre prefiere comprarse un plasma en cambio de leche y carne para todo el mes?”. Si este molesto cronista pudiera hacer un estudio, le preguntaría a la nueva asesora del señor Obama si sus padres o ella misma no compran plasmas para ver televisión. Claro, cuando los incluidos ven televisión hacen lo que les gusta. Los pobres, parece, deben estar en observación.

martes, 13 de diciembre de 2011

Los ecos de la Campaña del Desierto llegan a Misiones

El atropello por parte de empresas a los pueblos originarios no cesa. Hace pocos días, Enrique Benítez, el referente de la Comunidad Mbya Guaraní Alecrín, de Misiones, denunció que a mediados de noviembre una patota de la empresa forestal Harriet S.A. los atacó. Los dueños de esta firma son descendientes de una familia beneficiada con grandes extensiones de tierras regaladas por Julio Argentino Roca tras la Campaña del Desierto. Según la denuncia, una patota de la empresa derrumbó e incendió viviendas y casillas de artesanías en la localidad de San Pedro. Desde julio de 2008, Harriet S.A. es denunciada por destrucción de hectáreas silvestres.
“Los empresarios dicen que nosotros estamos viviendo sobre su propiedad. Pero no es así, estamos sobre nuestros territorios desde hace más de 300 años y tenemos derecho a ocuparlos. Luchamos por lo nuestro”, contó el cacique. Pero además, en la comisaría la denuncia fue desestimada. “Nunca fueron a mirar qué era lo que había pasado, ni llegaron a mi casa ni preguntaron qué hogar quemaron”, aseguró Benítez.
Muchos vecinos de la comunidad acompañaron al cacique a la comisaría porque vieron al responsable del fuego: todos señalaron al apoderado de la empresa, que aprovechó que el hermano del cacique visitaba a su familia en otra localidad y dejaba la casa sola. Benítez también denunció que poco antes de sufrir el atentado, operarios de la empresa forestal derribaron árboles añosos, arrojaron agrotóxicos y plantaron encima pinos. “Cuando llueve el veneno se escurre y cae en el pozo de agua, de donde bebemos”, dice el denunciante, quien asegura que los más chicos tienen enfermedades que antes no existían en su comunidad.
Pero las intimidaciones comenzaron hace tres años, y continúan. El Equipo Misiones de Pastoral Aborigen (Emipa) acompañó al cacique hasta la dependencia policial para radicar la denuncia. Allí relató que su comunidad recibe todo tipo de presiones psicológicas: les hacen escuchar disparos desde camionetas, tanto de día como de noche, intentaron alambrar con falsas órdenes judiciales, y hasta llegaron a pasarles un arado por encima del cementerio de la comunidad, a lo largo de doce hectáreas. Las denuncias que hizo la comunidad contra Harriet S.A. fueron por “daño a la propiedad” e “invasión de territorio”. En febrero de 2009, denunciaron que se había removido la tumba de un niño de la Comunidad, sepultado días atrás.
A mediados de noviembre de este año, el juez federal de Eldorado sentenció a favor de Alecrín con una medida precautoria por 3.500 hectáreas y una orden de “no innovar” dirigida a varias empresas, entre las que se encuentran Alto Paraná S.A. y Harriet S.A. Sin embargo, esas 3.500 hectáreas no están cerca del principal asentamiento de la Comunidad. “Recién estamos en la primera etapa de este juicio, pero no van a poder tocar nada de ese lugar”, asegura la abogada de Emipa, Stella Maris Martínez. La Comunidad Mbya Guaraní de Alecrín está sobre el margen de la Ruta 20, cerca de San Pedro. Con casi 120 personas asentadas, dad indígena del país donde se terminó el relevamiento territorial que ordena la Ley 26.160, por la cual se prohíben los desalojos de estas poblaciones. Los herederos al frente de Harriet S.A. cuentan en la actualidad con más de 50 mil hectáreas en Misiones. Desde Emipa aseguraron: “Alecrín resiste hace años y va creciendo, a pesar de todo esto”.

jueves, 27 de octubre de 2011

MARIHUANA ILEGAL

En las villas el porro que se fuma es de resaca, un producto infectado de porquerías químicas, sometido a una banda de tramoshas. Es un circuito de diferente niveles políticos y muy necesario, sin demanda no hay oferta, a la gente le gusta el porro y en los barrios se fuma mucho porro, pero porro malo. Los barrio sirven como chivo expiatorio para montar el circo del "combate al narcotráfico" que traducido en la realidad es; perseguir consumidores y si son pobres mejor...Ilegalizar el porro es apostar a la violencia, preferir matar y perseguir, que aceptar el poder de la naturaleza

En mi barrio por ejemplo es muy triste ver como rastrean a los pibes clase media que vienen a pegar faso o merca adentro de los barrios, es todo una odisea comprar marihuana, los pibes tumbean, si sos de afuera te cabe, muchas veces hubo hasta muertos, sumale la extorsión policial que hacen los tranzas a las taquerias, la cantidad de toneladas en movimiento por ahí son muchos millones de pesos con dueños claros, si cae la prohibición cae el circuito instalado y es todo un problema desmantelar todo un sistema socio-político-económico que ejecuta el mercado del narcotráfico.

Hablo de lo socio-económico porque hay que hablar de los distintos actores sociales que son parte de ese circuito, sin ir mas lejos hay que fijarse en el perfil de la tranza que te vende el faso en los barrios ; pobre, madre soltera, llena de hijos y que encontró en la venta de droga una salida para llenarle la panza a sus hijos, no lo hace ni por hija de puta ni por arruina guachos como se dice, no tiene conciencia de lo que vende ni de lo que genera eso que vende, y eso no le quita dignidad porque todo el sistema capitalista legalizado y amparado por el estado se trata de vender productos mortíferos a la gente sin culpa ni remordimiento. Las farmacias y los almacenes donde te venden alcohol son parte de nuestra realidad y nadie se queja no?



Camilo Blajaquis

domingo, 24 de julio de 2011

SEGURIDAD DEMOCRÁTICA VERSUS MANO DURA


Modelos en pugna

Durante el mes de abril, a partir de la decisión de la ministra de Seguridad Nilda Garré de terminar con los servicios adicionales que la policía federal prestaba en la ciudad de Buenos Aires, se reinstaló con fuerza una discusión política en torno a una problemática de indudable interés social: la inseguridad.

En ese marco, recobraron aliento las voces que reclaman mano dura contra el delito, en primer término el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, quien creó la Policía Metropolitana que ostenta un primer jefe, Jorge El Fino Palacios, preso, y su sucesor Osvaldo Chamorro, procesado, además de una ineficiencia aceptada por los propios funcionarios de la ciudad que aseguran que no puede hacerse cargo siquiera de la seguridad en los hospitales. El líder de Pro acusó al kirchnerismo de impulsar «un alud anárquico» sobre Buenos Aires. Con alta dosis de hipocresía, son los mismos sectores que apoyaron y/o impulsaron las políticas neoliberales que dieron forma al panorama de exclusión de millones de argentinos, caldo de cultivo de una mayor violencia y conflictividad social, quienes reclaman represión contra sus víctimas. La indiscutible relación entre marginación y aumento del delito no hace mella en el discurso manodurista. Por el contrario, redoblan esfuerzos en su nostálgico intento de volver a los 90. Al punto que varios de los máximos exponentes argentinos de la nostalgia «noventista» fueron anfitriones de un encuentro internacional patrocinado por la Asociación Mont Pelerin, usina de pensamiento derechista, fundada por el economista Friedrich von Hayek, premio Nobel de Economía, conocido como «el padre del liberalismo», cuyas teorías «inspiraron» las políticas económicas de Ronald Reagan, Margaret Thatcher y Augusto Pinochet, entre otros. En dicho encuentro se defendieron aquellas políticas económicas aplicadas en buena parte del mundo, y en el caso de nuestro país, «sin anestesia», que dejaron como secuela una profunda desigualdad social, amplias capas de la población condenadas a la marginación y la pobreza y, en ese marco, como no podía ser de otro modo, creció el delito y la delincuencia.
Violencia en pantalla

El reduccionismo analítico del tema de la inseguridad entendido sólo como un problema policial que prima en los medios de comunicación, mucho tiene que ver con la instalación del miedo social. Las poderosas empresas mediáticas, coaligadas en las últimas décadas con megacorporaciones económicas, inciden en la opinión pública a favor del consenso hacia las políticas represivas. En La batalla de la comunicación, el periodista e investigador Luis Lazzaro sostiene que «a partir de los procesos de concentración y articulación del dispositivo multimedia, la violencia y el crimen dejaron de ser unidades de información aisladas dentro de múltiples focos de atención periodística para convertirse en el eje principal del discurso audiovisual». El investigador vincula la acción mediática intencionada con el perfil de individuo que el sistema neoliberal necesita. «El ciudadano en peligro resulta entonces una construcción de época en la que conviven la ausencia de protección social y la intimidación de los medios. Representa no sólo al consumidor
individualizado que no puede cambiar de canal por la fascinación del terror, sino también una categoría política que fortalece la capacidad de intervención de las corporaciones de medios
en la disputa por mayores espacios de poder».
De igual modo, no pueden ser soslayados en el análisis de la inseguridad, los nuevos negocios que abre la instalación del miedo social. Así, el mercado de la seguridad privada registra un crecimiento explosivo en las últimas décadas. Las despiadadas reglas del libre mercado aplicadas a la seguridad pueden ser muy peligrosas. ¿De qué modo compiten las agencias privadas entre sí? ¿Cómo operan estos cuerpos armados para ganar espacios de mercado? Un estudio difundido por el Instituto Latinoamericano de Seguridad y Democracia revela que sin un estricto control estatal sobre estas agencias, «es muy probable que la ecuación “más seguridad privada y mayor rentabilidad privada, es igual a peor seguridad pública”, no varíe por muchos años».
Otro aspecto fundamental es el virtual autogobierno de las fuerzas policiales, que explica en buena medida la creación de estructuras cuasi mafiosas que no sólo no combaten el delito, sino que participan activamente en distintos negocios ilegales. Además, aún están a la vista las huellas que dejó impresas en las estructuras policiales la colaboración que prestaron a la represión ilegal durante la dictadura.
Tampoco puede dejarse de lado en una mirada integral de la problemática de la seguridad a la justicia, sobre todo porque perviven en el interior del poder judicial numerosos jueces de oscura participación durante los gobiernos de facto y que ya en democracia obstaculizan los procesos contra represores y genocidas. En tal sentido el Consejo de la Magistratura creó una comisión destinada a seguir las causas por posible complicidad de jueces y personal judicial con el terrorismo de Estado. Según informó el matutino Página/12, se tramitan más de 20 juicios políticos en todo el país por este tipo de causas, y en varios casos se trata de camaristas. Desarmar esta red de jueces comprometidos con la represión ilegal resulta indispensable para garantizar un real sentido de justicia para todos los argentinos.
En una nota publicada en el blog de la Comisión Provincial por la Memoria, su secretario ejecutivo, Alejandro Mosquera, asegura que «las policías y la justicia están direccionadas al control social de los empobrecidos por el sistema y no a investigar y sancionar las redes delictivas complejas que son las que reclutan y utilizan la pobreza que generaron las políticas neoliberales».
Acuerdo

El Gobierno Nacional cambió su política de seguridad desde la creación del ministerio a cargo de Nilda Garré. La ministra ejecutó un conjunto de medidas que en buena medida sintonizan con el Acuerdo de Seguridad Democrática, espacio nacido hace poco más de un año y medio, integrado por un centenar de organizaciones –universidades, organismos defensores de derechos humanos, académicos, especialistas en seguridad– de la sociedad civil, y al que adhirieron dirigentes políticos del oficialismo y la oposición. En abril, además de los múltiples desplazamientos de comisarios de la Federal, la ministra puso en marcha el Plan de Participación Comunitaria en la ciudad de Buenos Aires. Garré sostuvo que «la reapropiación del espacio público por las organizaciones, de la comunidad, la marcha sostenida del proceso de inclusión social, económica, laboral y cultural, respaldados con acciones de gobierno cotidianas, son indispensables para el desarrollo de una política de seguridad democrática».
La agenda

El Acuerdo de Seguridad Democrática da cuenta de un cambio en la concientización social acerca de la necesidad de nuevas formas de abordaje de la inseguridad. El manodurismo, además de sus rasgos autoritarios y represivos, ya demostró ser ineficaz para dar tranquilidad a la población. Sobran los ejemplos en tal sentido, pero quizás el más paradigmático sea el de la provincia de Buenos Aires. Durante las gobernaciones de Eduardo Duhalde y Carlos Ruckauf se dio el máximo poder a «la mejor policía del mundo» y lejos estuvieron de resolver el problema de la inseguridad. Incluso, el actual gobernador Daniel Scioli, que en líneas generales continuó la premisa de dejar el problema exclusivamente en manos de la policía y mantuvo en este aspecto uno de los principales puntos de conflicto dentro del kirchnerismo, comenzó a dar algunas señales, superficiales por cierto, de adecuación a algunos de los ejes marcados por el Gobierno Nacional.
El cambio que quizás esté comenzando se plasma en una imagen registrada en un seminario internacional organizado por el Acuerdo con el auspicio de la Oficina Regional de Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas y el Instituto de Políticas Públicas en Derechos Humanos. Allí, en la mesa de referentes políticos participaron los diputados Vilma Ibarra (Nuevo Encuentro), Mónica Fein (Socialista), María Luisa Storani (UCR), Felipe Solá (PJ Federal) y Horacio Alcuaz (GEN), y el legislador bonaerense Fernando Navarro (Frente para la Victoria), todos firmantes del acuerdo. Más allá de los matices, coincidieron en la condena a la mano dura y la instalación del miedo, así como en la necesidad de alcanzar acuerdos en torno a políticas democráticas de seguridad. La ministra Garré, quien clausuró el encuentro, destacó el consenso alcanzado en el marco del Acuerdo, y concluyó: «Nos oponemos a que la agenda sea ganada por consignas de orden y seguridad que llevan a más inseguridad y en el pasado condujeron al terrorismo de Estado».

Jorge Vilas

sábado, 23 de julio de 2011

Patas arriba. La escuela del mundo al revés

La escuela del mundo al revés es la más democrática de las instituciones educativas. No exige examen de admisión, no cobra matrícula y gratuitamente dicta sus cursos a todos y en todas partes, así en la tierra como en el cielo: por algo es hija del sistema que ha conquistado, por primera vez en toda la historia de la humanidad, el poder universal. En la escuela del mundo al revés, el plomo aprende a flotar y el corcho, a hundirse. Las víboras aprenden a volar y las nubes aprenden a arrastrarse por los caminos.El mundo al revés premia al revés: desprecia la honestidad, castiga el trabajo, recompensa la falta de escrúpulos y alimenta el canibalismo. Sus maestros calumnian a la naturaleza: la injusticia, dicen, es ley natural. Milton Friedman, uno de los miembros más prestigiosos del cuerpo docente, habla de "la tasa natural de desempleo". Por ley natural, comprueban Richard Herrnstein y Charles Murray, los negros están en los más bajos peldaños de la escala social. Para explicar el éxito de sus negocios, John D. Rockefeller solía decir que la naturaleza recompensa a los más aptos y castiga a los inútiles; y más de un siglo después, muchos dueños del mundo siguen creyendo que Charles Darwin escribió sus libros para anunciarles la gloria.
¿Supervivencia de los más aptos? La aptitud más útil para abrirse paso y sobrevivir, el killing instinct, el instinto asesino, es virtud humana cuando sirve para que las empresas grandes hagan la digestión de las empresas chicas y para que los países fuertes devoren a los países débiles, pero es prueba de bestialidad cuando cualquier pobre tipo sin trabajo sale a buscar comida con un cuchillo en la mano. Los enfermos de la patología antisocial, locura y peligro que cada pobre contiene, se inspiran en los modelos de buena salud del éxito social. Los delincuentes de morondanga aprenden lo que saben elevando la mirada, desde abajo, hacia las cumbres; estudian el ejemplo de los triunfadores y mal que bien hacen lo que pueden para imitarles los méritos. Pero "los jodidos siempre estarán jodidos", como solía decir don Emilio Azcárraga, que fue amo y señor de la televisión mexicana. Las posibilidades de que un banquero que vacía un banco pueda disfrutar, en paz, del fruto de sus afanes son directamente proporcionales a las posibilidades de que un ladrón que roba un banco vaya a parar a la cárcel o al cementerio.
Cuando un delincuente mata por alguna deuda impaga, la ejecución se llama ajuste de cuentas; y se llama plan de ajuste la ejecución de un país endeudado, cuando la tecnocracia internacional decide liquidarlo. El malevaje financiero secuestra países y los cocina si no pagan el rescate: si se compara, cualquier hampón resulta más inofensivo que Drácula bajo el sol. La economía mundial es la más eficiente expresión del crimen organizado. Los organismos internacionales que controlan la moneda, el comercio y el crédito practican el terrorismo contra los países pobres, y contra los pobres de todos los países, con una frialdad profesional y una impunidad que humillan al mejor de los tirabombas.
El arte de engañar al prójimo, que los estafadores practican cazando incautos por las calles, llega a lo sublime cuando algunos políticos de éxito ejercitan su talento. En los suburbios del mundo, los jefes de Estado venden los saldos y retazos de sus países, a precio de liquidación por fin de temporada, como en los suburbios de las ciudades los delincuentes venden, a precio vil, el botín de sus asaltos.
Los pistoleros que se alquilan para matar realizan, en plan minorista, la misma tarea que cumplen, en gran escala, los generales condecorados por crímenes que se elevan a la categoría de glorias militares. Los asaltantes, al acecho en las esquinas, pegan zarpazos que son la versión artesanal de los golpes de fortuna asestados por los grandes especuladores que desvalijan multitudes por computadora. Los violadores que más ferozmente violan la naturaleza y los derechos humanos, jamás van presos. Ellos tienen las llaves de las cárceles. En el mundo tal cual es, mundo al revés, los países que custodian la paz universal son los que más armas fabrican y los que más armas venden a los demás países; los bancos más prestigiosos son los que más narcodólares lavan y los que más dinero robado guardan; las industrias más exitosas son las que más envenenan el planeta; y la salvación del medio ambiente es el más brillante negocio de las empresas que lo aniquilan. Son dignos de impunidad y felicitación quienes matan la mayor cantidad de gente en el menor tiempo, quienes ganan la mayor cantidad de dinero con el menor trabajo y quienes exterminan la mayor cantidad de naturaleza al menor costo.
Caminar es un peligro y respirar es una hazaña en las grandes ciudades del mundo al revés. Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen. El mundo al revés nos entrena para ver al prójimo como una amenaza y no como una promesa, nos reduce a la soledad y nos consuela con drogas químicas y con amigos cibernéticos. Estamos condenados a morirnos de hambre, a morirnos de miedo o a morirnos de aburrimiento, si es que alguna bala perdida no nos abrevia la existencia.
¿Será esta libertad, la libertad de elegir entre esas desdichas amenazadas, nuestra única libertad posible? El mundo al revés nos enseña a padecer la realidad en lugar de cambiarla, a olvidar el pasado en lugar de escucharlo y a aceptar el futuro en lugar de imaginarlo: así practica el crimen, y así lo recomienda. En su escuela, escuela del crimen, son obligatorias las clases de impotencia, amnesia y resignación. Pero está visto que no hay desgracia sin gracia, ni cara que no tenga su contracara, ni desaliento que no busque su aliento. Ni tampoco hay escuela que no encuentre su contraescuela.

                                                                                                                        Eduardo Galeano

BICENTENARIO: REVOLUCIÓN HAITIANA

Frente a las costas de la América Central, al norte de Colombia y Venezuela, se extiende el archipiélago de Las Antillas, cuyas costas están bañadas por el Mar Caribe en el occidente y por el Océano Atlántico en el oriente. Las islas de Cuba, La Española y Puerto Rico se distinguen por su extensión y reciben el apelativo de Antillas Mayores. Cristóbal Colón desembarcó en La Española el 5 de diciembre de 1492 y la isla pasó a formar parte del Imperio Español. Este hecho marcó el inicio de la conquista, colonización, saqueo y despoblamiento de tierras que ni eran nuevas, ni incultas ni mucho menos estaban deshabitadas. Antes de la llegada de los españoles, la isla estaba poblada por las etnias arawak, caribes y taínos, que sumaban unos 300.000 habitantes. En menos de 15 años fueron reducidos a 60.000.
Durante los primeros años de vida colonial, en la región occidental de la isla se asentaron los bucaneros –hombres que vivían de la caza de reses y cerdos cimarrones, del comercio de pieles y el cultivo de tabaco– y los filibusteros –nombre que se le daba a ciertos piratas del mar Caribe que perturbaban las comunicaciones marítimas de los españoles–, ambos grupos de origen francés. Ocuparon primero la isla de Tortuga y se extendieron luego en la parte occidental de La Española, razón por la cual Francia reclamó la posesión de la parte oeste, que fue cedida por España en 1697. Se formó así el Saint Domingue francés (actual Haití). Se comenzó la explotación de la caña de azúcar y de otros frutos tropicales mediante el sistema de plantación, basado en la mano de obra esclava. Para mediados del siglo XVII se incrementó el comercio de esclavos africanos. En la víspera de la Revolución Francesa, Saint Domingue era la principal productora de azúcar del mundo e incorporaba un promedio de 30.000 esclavos africanos por año.
La paradoja en torno a la esclavitud se hizo patente cuando hubo que enfrentar la contradicción entre el desarrollo de la revolución en Francia y en sus colonias. Si bien los hechos y las ideas de la Revolución tuvieron repercusión entre los habitantes de Saint Domingue, no fue menor la importancia histórica de las revueltas de esclavos, que constituían prácticas de larga data, junto con otras formas de resistencia incorporadas en su experiencia de vida. Una de ellas consistía en la huida de las haciendas hacia las zonas altas. A estos fugitivos se los denominaba «cimarrones». Las «cimarronadas» sucedían con frecuencia, a pesar de los severos castigos establecidos en el Código Negro, incluidas las mutilaciones y hasta la muerte para quienes eran recapturados. Los cimarrones se agrupaban en «palenques» o «quilombos», donde sobrevivían organizados en base a prácticas comunitarias y solidarias.
En 1791 tuvo lugar una conspiración masiva de esclavos liderada por el jamaiquino Boukman, un sacerdote vudú que reunió a los hombres de diversas culturas africanas y exhortó a dejar de lado al dios de los blancos, que tantas penas causaba, y escuchar la voz de la libertad que hablaba en el corazón de cada uno. Toussaint de Breda se unió a los insurgentes para servir como médico, por sus conocimientos de hierbas y artes de curar. La instrucción militar la recibió Toussiant de los españoles, llegó a dirigir una tropa de más de 3.000 soldados y consiguió algunas victorias en pocos meses. Fue entonces cuando se lo comenzó a llamar por el apodo de L’Overture –la abertura, el principio de ciertas cosas, el iniciador–, tal vez por su capacidad de negociar, de ir abriendo posibilidades. Tras la muerte de Boukman, el 29 de agosto de 1793, en una proclama pública, se presentó como el líder de los negros.
Desde 1794 hasta 1800, bajo la dirección de Toussaint Louverture, los ex esclavos, ahora hombres libres y soldados disciplinados, lucharon contra la invasión británica, obligaron a los españoles a replegarse a su territorio, fortalecieron el movimiento abolicionista y sofocaron los intentos de guerra civil promovidos por los mulatos.
En 1801, después de una cruenta guerra antiesclavista y en medio de las tensiones extremas que imponía la situación internacional, Toussaint, como gobernador de Saint Domingue, mandó a redactar una Constitución republicana que decretó la abolición de la esclavitud, extendió la condición de ciudadano a todos los habitantes de la Colonia, cualquiera fuese el color de su epidermis, y estableció normas para regular la vida y la producción.
Ya desde el primer párrafo del texto constitucional puede advertirse una contradicción entre la aseveración de que el territorio de Saint Domingue está sujeto a leyes propias, lo cual es índice de una afirmación de autonomía, y la aceptación de la pertenencia a la «una e indivisible República Francesa», con lo cual se admite el estatus colonial.
Era una constitución republicana. Establecía la división de poderes y el reconocimiento de los derechos del hombre y el ciudadano. La conducción administrativa de la colonia –Poder Ejecutivo– era confiada a un gobernador, quien también ejercía la función de jefe de las Fuerzas Armadas. La misma Constitución nombra como gobernador al ciudadano Toussaint Luoverture «por el resto de su gloriosa vida»: otra aparente contradicción.
En cuanto a la organización de la producción, se afirmaba que siendo la Colonia esencialmente agrícola, no se podía permitir la menor interrupción del trabajo. La plantación, establecimiento destinado tanto al cultivo de la caña como a la producción del azúcar, era considerado como hogar de una familia activa y constante de agricultores y trabajadores, para quienes el propietario del terreno representaba el padre. Cada miembro de la familia era accionista en los ingresos.
Contradicciones

La primera constitución de América latina surgió envuelta en violentas contradicciones. La tensión entre el carácter republicano del texto, la concepción autoritaria del Estado y el perfil paternalista del jefe de Gobierno están presentes también en la Constitución de Dessalines, de 1805, y en la de Henry Christophe, de 1807, lo cual ha dado lugar a lo que se ha caracterizado como «negrismo» en tanto doctrina política. Esto es que la idea del jefe de Estado como padre de familia se vincula con una práctica ancestral de la familia «bossale» (esclavos nacidos en África), que es comunitaria y reposa sobre un bien común inalienable, el bien de los menores «byen miné». La gestión de los bienes del conjunto de la familia ampliada exige una jerarquía y una autoridad (del padre), pero debe reposar sobre el consenso entre todos sus miembros. El poder se encuentra, entonces, diluido, ya que la autoridad no se acepta como emanante del individuo sino como proveniente del grupo.
Lo que aparece como contradicción es resultado del choque entre, por una parte, un concepto de Estado y una organización de la producción para el mercado propias de la modernidad ilustrada y, por otra parte, una tradición bossale comunitaria, con base en una economía de autosubsistencia, estructurada según formas de racionalidad que hoy llamaríamos premodernas, las cuales fueron ignoradas sistemáticamente por la administración colonial francesa como proyecto político viable.
Las disposiciones constitucionales y las acciones de Toussaint provocaron la reacción de los dueños de las plantaciones, que iniciaron una propaganda en su contra desde Cuba, Estados Unidos y Europa. En Francia, Napoleón Bonaparte recogió las quejas y se propuso restablecer el antiguo estatus colonial de Saint Domingue. En enero de 1802, la tropa francesa de 25.000 soldados desembarcó en Saint Domingue al mando de Víctor Emmanuel Leclerc –esposo de Paulina Bonaparte, la hermana de Napoleón–. Su cometido era resarcir a los colonos y restablecer la esclavitud. Por medio de una artimaña, Leclerc captura a Louverture el 7 de junio de 1802 y lo envía a Francia junto con su familia. Fue encarcelado en Fort de Joux, en las montañas del Jura, la región más fría de Francia. Los acontecimientos que se sucedieron hasta su captura y posterior deportación y encarcelamiento en Francia son narrados en la extensa Memoria, dirigida a Napoleón. En ella, se evidencia una afirmación de sí mismo como sujeto histórico, que produce una alteración de los valores vigentes en el esquema axiológico de la situación colonial. Desde su perspectiva, no es él quien ha subvertido el orden, sino Leclerc quien viene a interrumpir la paz alcanzada tras la sanción de la Constitución.
Al ser capturado, dijo que con su derrocamiento no conseguirían «abatir el árbol de la libertad de los negros […] porque sus raíces son muchas y muy profundas». Las experiencias de su propia vida, contenidas en el texto de Memoria, relatan un episodio que permitió la emergencia de otra historia de la libertad. Una historia que acontecía no en la ilustrada Francia, sino en una colonia francesa, cuyos protagonistas fueron hombres de piel oscura que por generaciones habían sido sometidos a la esclavitud. No es la historia de un concepto, sino la de personas reales que, afirmándose en su condición de sujetos históricos, llevaron adelante el duro trabajo de realizar la libertad.
Toussaint murió en prisión el 7 de abril de 1803. Pese a los intentos napoleónicos de restablecer la esclavitud, el proceso revolucionario no se detuvo. Los campesinos libres de las montañas iniciaron la nueva etapa de liberación del dominio francés. El 1º de enero de 1804, su nuevo líder, Jean-Jacques Dessalines, proclamó la independencia del país y restableció su nombre aborigen Haití. Fue el primer territorio independiente de América latina y la primera República negra del mundo, pero sobre todo fue la primera nación libre de hombres libres. Después de 1811, cuando Bolívar se quedó sin recursos y fracasó en su intento de obtener ayuda de Inglaterra, se dirigió a Haití para apelar a la generosidad de la joven República negra. Alexandre Pétion, que a la sazón gobernaba desde Port-au-Prince la parte occidental del país, puso a su disposición hombres, armas, dinero y algunos consejos que se desprendían de la experiencia haitiana, con la única condición de que aboliera la esclavitud en los territorios que liberara. De no haber sido por ese gesto, la epopeya bolivariana habría tenido, tal vez, otro curso y otra significación en la historia de nuestra América. Así, Bolívar pudo desembarcar en tierra firme venezolana y marchar de triunfo en triunfo, logrando la independencia de Venezuela, Nueva Granada, Bolivia, hasta llegar al Perú, completando la gesta independentista que San Martín había iniciado, también, desde el sur del continente.


Adriana María Arpini, Doctora en Filosofía
UNCuyo - CONICET


REDES SOCIALES: La intimidad en crisis


¿SOLOS O ACOMPAÑADOS? Se calcula que 11 millones de argentinos poseen una cuenta en Facebook y unos 800.000 están conectados a través de Twitter.

Cada vez es más difícil, si no imposible, negar el poder de las redes sociales para influir en eventos políticos; Internet ha creado un foro sin paralelo para que la gente comparta sus experiencias con el mundo».
Así se expresaba el director ejecutivo de Accessnow.org, una organización no gubernamental que promueve el uso de Internet y otras tecnologías para defender derechos políticos y sociales a nivel mundial, luego de la dimisión del presidente egipcio Hosni Mubarak tras 30 años de gobierno ininterrumpido. Este tal vez haya sido un caso emblemático en el cual las redes sociales se convirtieron en un verdadero espacio de resistencia y organización, algo impensado hace más de una década, cuando los primeros blogs daban sus pasos en la Red de redes.
En 2004, casi como un juego juvenil, nació Facebook de la mano de Mark Zuckerberg, un estudiante de Harvard que buscaba que los alumnos de su universidad se conocieran entre sí. Pronto, lo que surgió como un hobby se extendió a todas las universidades de Estados Unidos y de Europa. Poquísimos años pasaron desde entonces y esta suerte de revolución comunicativo-tecnológica sigue ganando adeptos y ha extendido sus brazos a todos los ámbitos de la sociedad.
Ahora bien, una de las primeras preguntas que surge al observar el crecimiento que las redes sociales han tenido en menos de una década es: ¿por qué alguien elige hacer pública su vida a través de Internet?
«Una persona elige contar su vida a través de una red social básicamente para conocer a otros, para seducir, para hacer amigos, para buscar amantes o pareja. Para tener muchos contactos/amigos y ser querido y admirado, que es lo que suele buscar toda persona. Las redes sociales lograron, a través de un efectivo marketing y poderosas herramientas gratuitas, ponerse de moda en especial entre los jóvenes y volverse en el imaginario juvenil el modo más adecuado y contemporáneo de conocer gente y vincularse con los pares», refiere Joaquín Walter Linne, sociólogo e investigador del CONICET y del Instituto de Investigación Gino Germani de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, quien llevó adelante trabajos sobre culturas juveniles y nuevas tecnologías.
Para la psicoanalista miembro de la Asociación Psicoanalítica Internacional y autora del libro El sujeto escondido en la realidad virtual, Diana Sahovaler de Litvinoff, una persona que habla de su vida a través de las redes sociales, en principio, lo que busca es conexión y comunicación. «Los medios de comunicación hoy promueven el miedo al otro: “No salgas a la calle porque es inseguro, no te acerques al otro porque es contagioso, o puede ser un enemigo”. A través de la Web las personas encontraron un recurso para relanzar los vínculos», señala.
No obstante, Litvinoff advierte sobre la necesidad de evaluar si Facebook favorece la comunicación o la evitación del otro. «El temor al encuentro y las fobias sociales hacen que la Red se transforme en un refugio, sobre todo para las personas inseguras o que se sienten inferiores. A veces es más fácil intentar una conquista amorosa vía Web que jugarse cara a cara, porque implica la seducción y exponerse a un rechazo; siempre la vida real es más dura», sostiene.

La era de la imagen

Se han realizado muchos intentos por definir intimidad, algo que demuestra la complejidad del concepto. Por ejemplo: los italianos hablan de riservatezza (reserva), los franceses vie privée (vida privada) y los países anglosajones de privacy (privacidad). Actualmente, se utilizan indistintamente intimidad y privacidad, como una zona espiritual, exclusiva de un individuo, a la cual nadie tiene acceso, salvo aquella persona a quien ese individuo se lo permita. «Vivimos en la era de la imagen, la consigna de estos tiempos es mostrarse, y allí comienza la confusión entre lo público y lo privado. Se trata de exhibir la intimidad, no importa si es profunda o banal, puede ser lavarse los dientes o acceder a una relación sexual, sin pudor, casi pornográficamente, quedando lo íntimo al desnudo. Las redes sociales han influido mucho en mostrar la intimidad; lo que antes se hacía puertas adentro hoy se ve con una webcam», asegura la psicoanalista de la Asociación Psicoanalista Argentina, Adriana Guraieb.
En este mismo sentido, sin dudas el reality Gran Hermano es, de lejos, el ícono de la intimidad al desnudo, pero también de la búsqueda de fama de una forma exprés. De hecho, la última convocatoria a nivel local logró que unas 70.000 personas, en su mayoría jóvenes veinteañeros, se inscribieran a los castings. Si se compara esta cifra con los 1.924 aspirantes a la carrera de Medicina inscriptos en la Facultad de La Plata para este año, el ideal de alcanzar el reconocimiento social a través del estudio y el esfuerzo quedó en el recuerdo.
Ahora bien, ¿existen riesgos cuando se desdibujan los límites entre lo privado y lo público? La respuesta es sí, sobre todo para los adolescentes. «Los riesgos pueden ser el carácter adictivo de estas tecnologías, la pulsión maníaca de estar chequeando todo el tiempo la actualización de las redes, el mail, las versiones digitales de los diarios. Un círculo vicioso del que puede ser difícil salir. Pero además, para los adolescentes el problema es la falta de conciencia al publicar datos personales, olvidando que lo publicado en Internet puede ser muy difícil o imposible de borrar, y que no toda publicidad ni información es buena», sostiene el investigador del CONICET.

Dime quién eres y te diré qué te vendo

Esta cuestión de la vida vista como a través de un cristal, donde todo se sabe y todo se dice, ciertamente ha sido aprovechada por el mercado. «La idea es que se puede ver todo lo que el otro hace, entrar a su vida, saber quién es, qué le gusta. Esto a su vez se relaciona con la sociedad de consumo. El potencial consumidor debe ser conocido en su totalidad para saber qué se le vende», asegura Litvinoff.
En las redes sociales florecen numerosos ejemplos de productos que se ofrecen a los internautas, incluso gratis, para asegurarse futuros compradores. Hoy muchas marcas nos invitan a «seguirlas» en Facebook o Twitter; no ingenuamente las empresas eligen estos soportes para publicitar (ver recuadro). Es que a través de las redes sociales, las compañías conocen los gustos y hobbies de los usuarios y sus amigos, datos que utilizan al momento de diseñar estrategias de venta. Hace unos meses, una reconocida marca de productos cosméticos para el cabello proponía elegir el «pelo del verano» e invitaba a las adolescentes usuarias de las redes sociales a subir su foto a Facebook. Detrás de esta campaña se esconde sin dudas el negocio y las ansias de las chicas por convertirse de forma meteórica en una modelo top.
Internet y las redes sociales sin dudas vinieron para quedarse. Como en toda revolución comunicativo-tecnológica, no todas las cosas son buenas ni todas son malas. «Del mismo modo que se pueden difundir grupos antisemitas, se puede usar las redes para difundir cuestiones de género, denunciar casos de violencia doméstica, feminicidios, casos de discriminación, para organizarse y resistir a dictadores. Twitter, por ejemplo, ha servido para oponerse a distintos gobiernos totalitarios en distintas partes del mundo», señala Linne. En nuestro país, aún están en la memoria dos casos paradigmáticos del uso de las redes sociales como medio de denuncia: el de una joven mendocina que subió a Facebook las fotos de su cuerpo evidenciando las lesiones tras una golpiza de su novio, y el de la madre de Marianela Rago (una adolescente víctima de feminicidio) que decidió subir al mismo sitio una carta expresando su ira y dolor al que considera el asesino de su hija.
«En estos casos, Facebook fue un recurso más, como una solicitada en los diarios o un cartel en las paredes. Ellas encontraron la forma de elaborar situaciones traumáticas y se sintieron acompañadas por la gente que les manifestó su solidaridad», opina Litvinoff.
Con todo, según los especialistas, Internet ha revolucionado la comunicación y las relaciones sociales, permitiendo que se formen pequeñas, medianas y grandes comunidades que están intercomunicadas en línea. El contenido de lo que se comunica puede ser tan vasto como los intereses humanos. A su vez, puede haber gusto en mirar y ser mirado, lo importante es tener en claro cuáles son los límites.


                                                                                                                 María Carolina Stegman